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¿Todos los caminos conducen a Marset?

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01.10.2026

En Bolivia empiezan a cruzarse demasiados nombres y demasiadas historias alrededor del narcotráfico. Sicarios, ajustes de cuentas, cocaína, el PCC, el Comando Vermelho, funcionarios señalados desde Estados Unidos y una violencia que ya no necesita presentación.

Cada día aparece una pieza nueva y el rompecabezas se vuelve más incómodo. No sabemos todavía dónde termina cada camino, pero todos pasan por el mismo territorio: un país donde el narcotráfico ha echado raíces, ha dejado muertos y, al parecer, también ha aprendido a caminar por los pasillos del poder.

No necesariamente porque exista una conexión demostrada entre todos ellos, sino porque cada nuevo capítulo trágico agrega una pieza y, de tanto acumular piezas, uno termina mirando el tablero con cierta desconfianza.

El país está patas arriba. El narcotráfico ya no parece una palabra reservada para los informes policiales ni para los discursos de ocasión. Está en las noticias de todos los días, en el sicariato, en los ajustes de cuentas, en las disputas entre organizaciones, en el avance de estructuras criminales brasileñas como el PCC y el Comando Vermelho, en las investigaciones sobre cocaína, en los nombres de funcionarios y exfuncionarios que aparecen bajo la lupa de organismos extranjeros y en esa sensación cada vez más incómoda de que el Estado conoce una parte de lo que ocurre, pero otra parte se mueve por debajo, con dinero, armas y códigos propios.

Entonces aparece otra vez el factor Marset. No como respuesta, sino como pregunta.

Sebastián Marset dejó hace tiempo de ser solamente el nombre del narcotraficante uruguayo que estuvo escondido en Bolivia. Su nombre quedó adherido a uno de los episodios más desconcertantes del narcotráfico reciente en el país y ahora vuelve a aparecer........

© Los Tiempos