El país que quiere cambiar sin cambiar
Bolivia atraviesa una crisis en la que confluyen dimensiones políticas, sociales y económicas. Los conflictos recientes no expresan únicamente demandas sectoriales: también revelan desconfianza en las instituciones, cuestionamientos a los actores políticos y una disputa sobre las reglas con las que se procesa el poder.
La prolongación de los bloqueos y la vigencia del estado de excepción muestran hasta qué punto los mecanismos institucionales han sido desplazados por la presión callejera. En este escenario, oficialismo y oposición parecen más inclinados a reforzar sus posiciones que a construir espacios de diálogo. El resultado es un sistema frágil, donde el conflicto corre el riesgo de convertirse en método ordinario de negociación.
Pero detrás del reclamo por un cambio aparece una pregunta: ¿puede Bolivia cambiar si conserva una cultura política que convierte el conflicto, el maniqueísmo y la desinformación en instrumentos habituales de la disputa por el poder?
Bolivia reclama un cambio. Sin embargo, difícilmente podrá sostenerlo mientras gobernantes y ciudadanos reproduzcan una cultura política maniquea, que divide la realidad entre buenos y malos, entre luz y oscuridad, sin admitir matices ni reconocer al........
