Bolivia ante la recesión proyectada por el FMI
La demanda agregada constituye el reflejo más directo del pulso económico de un país, al sintetizar el gasto total de hogares, empresas, Estado y sector externo; en términos macroeconómicos, es equivalente al Producto Interno Bruto por el enfoque del gasto. En el caso boliviano, esta identidad permite comprender con claridad la actual desaceleración: un consumo que representa cerca del 70% del PIB —aproximadamente 38.000 millones de dólares— comienza a erosionarse por una inflación que supera el 20%, una inversión que difícilmente alcanza el 15% del producto (unos 8.000 millones) debido a la incertidumbre, un gasto público elevado cercano al 20% que intenta sostener la actividad, y un sector externo negativo que resta entre 3.000 y 4.000 millones. El resultado es un PIB cercano a los 55.000 millones de dólares, pero con crecimiento prácticamente nulo o negativo.
Este deterioro es plenamente consistente con el diagnóstico reciente del Fondo Monetario Internacional. Según el organismo, Bolivia habría cerrado 2025 con un crecimiento cercano al 0,6% y enfrenta una contracción de alrededor de -3,3% en 2026, acompañada de una inflación que oscila entre 20% y 26%, configurando un escenario de estanflación particularmente complejo. A ello se suma un deterioro externo que, aunque podría mostrar un superávit contable, responde más a la compresión de importaciones que a una mejora estructural de exportaciones, reflejando la escasez de divisas y la........
