Sobre leyes israelíes infames y sus críticos igualmente infames
Sobre leyes israelíes infames y sus críticos igualmente infames
Una democracia liberal con tensiones internas no es lo mismo que un Estado genocida. Y confundir ambas cosas es, precisamente, la banalidad del mal.
La Knesset, parlamento israelí, ha aprobado una ley que merece una condena sin paliativos. Que la pena de muerte se aplique como sentencia por defecto a palestinos de Cisjordania juzgados por tribunales militares y que los colonos israelíes que cometan crímenes equivalentes queden explícitamente excluidos de su ámbito de aplicación, es una aberración jurídica. Una ley que opera sobre distinción étnica de facto, por mucho que no la enuncie formalmente, viola los principios elementales de igualdad ante la ley que definen el liberalismo político.
Pero hay quienes critican esta ley, no tanto para combatirla como para usarla de manera antisionista, es decir, antisemita, haciendo lo que llevan años haciendo, es decir, tomar cada acto del Gobierno de Netanyahu —y son muchos y graves— como demostración de una tesis que traen decidida de antemano, a saber, que Israel es un Estado ilegítimo, que el sionismo es una empresa criminal, y que la existencia misma de Israel constituye un agravio histórico que hay que reparar. Paradójicamente, algo en lo que coinciden los izquierdistas de hoy con los franquistas de ayer —fue con Felipe González que España al fin reconoció a Israel diplomáticamente—. Para estos, la ley de la Knesset no es un error corregible dentro de........
