Otegi enarbola la paloma picassiana de la paz
Otegi enarbola la paloma picassiana de la paz
La paradoja más sangrante es que sean los nacionalistas vascos los que reivindiquen la pintura republicana cuando fueron los autores de la gran puñalada trapera contra la Segunda República.
El Guernica de Picasso es una de las obras de arte más paradójicas de la historia. Pintada por alguien a quien la Segunda República le importaba poco menos que nada, y que pasaba de España olímpicamente, se ha convertido en la imagen definitiva del imaginario colectivo internacional sobre la política española en el siglo XX. Es una obra indudablemente de contenido político, pero sobre todo se ha politizado porque, aunque se presenta como una denuncia de las guerras y el sufrimiento popular bélico, se ha instrumentalizado por parte de la izquierda para convertirse en un «caballo de Troya» del agitprop que pretende reducir el arte a propaganda. Los muertos en Guernica son recordados urbi et orbi, pero los asesinados en un mercado de Cabra (Córdoba) durante el bombardeo por parte del Ejército de la República son silenciados, olvidados, tapados convenientemente por esa forma de censura selectiva que ejerce la memoria democrática de los socialistas como cortina de humo para no tener que dar cuenta y pedir perdón por sus crímenes ideológicos.
Otra paradoja en relación con el Guernica es que los nacionalistas vascos lo pretendan usar como símbolo. El Gobierno del PNV ha aprovechado que tiene a Pedro Sánchez firmándoles cheques en blanco como si no hubiera mañana para solicitar que la pintura, actualmente expuesta en ese gran centro de propaganda en el que han convertido al Museo Reina Sofía, procesione por el País Vasco. Y Bildu ha usado la paloma de la paz picassiana como símbolo en su procesión anual en el Aberri Eguna para reivindicar la independencia del territorio español, con un terrorista vasco, una partidaria de la dictadura castrista y un agitador del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP; no confundir, como en La vida de Brian, con el FPLP y el FPLP-CG) como cabezas del akelarre euskaldún. Marx los cría y ellos, los sanguinarios de todos los países, se juntan. No es paradoja sino contradicción que Arnaldo Otegi reivindique la paloma picassiana de la paz. Más apropiado sería que se envolviese en el apologético retrato de Stalin que también realizó Picasso, uno de esos millonarios enriquecidos gracias al capitalismo que defiende un socialismo de yate y chalet para ellos, gulag y zulo para los demás.
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El Guernica es una de las obras de arte más conocidas de toda la historia y el culmen del siglo XX aunque —nueva paradoja— siendo representativa de un tipo de arte figurativo y de denuncia que era propio del siglo XIX. En mitad del nuevo paradigma que inició Duchamp con un arte deshumanizado (como supo ver Ortega y Gasset), Picasso no era el primero de los grandes artistas del siglo XX, sino el último de los grandes maestros decimonónicos. Por eso el lugar más indicado para el Guernica, como el propio pintor estableció —aunque haya sido ignorado por los políticos y los comisarios artísticos (una nueva paradoja)—, sería el Museo del Prado, junto a Velázquez y Goya.
La paradoja más sangrante, sin embargo, es que sean los nacionalistas vascos —de los grandes burgueses del PNV a los pequeños burgueses de Bildu— los que reivindiquen la pintura republicana cuando fueron los autores de la gran puñalada trapera contra la Segunda República. No lo digo yo, sino que es lo que dejó por escrito Manuel Azaña en sus memorias cuando denunció la rebelión del Gobierno catalán contra el republicano y que los políticos vascos estaban actuando en el extranjero al margen del Gobierno español. Eso sí, se les puede reconocer a los nacionalistas vascos y catalanes coherencia en la traición, como a Azaña terquedad en su ingenuidad respecto a aquellos.
La última paradoja respecto a la obra de Picasso es que, para salvaguardar su indudable mérito artístico y su grandeza como obra de arte, sería necesario cambiarle el nombre para que la politización a la que la someten los socialistas y los nacionalistas cesase de convertirla en una mera herramienta de propaganda y situarla de nuevo donde debe estar: en el ámbito artístico. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías sería una opción, vinculándolo a Federico García Lorca y la tauromaquia como especificidad española y generacional. También Sin título, para que cada cual viese en la obra lo que la libertad del espectador quisiera ver. Al menos, de esta forma dejaría de ser un trapo con el que los socialistas y los nacionalistas tratan de borrar su pasado tenebroso y maquillar su presente ominoso.
PNV (Partido Nacionalista Vasco)
