Lo espiritual
Los domingos, sobre todo, nos ofrece el espectáculo pequeño pero inmenso de una chica que es capaz de mantener su criterio contra viento y marea, aunque no de una manera fanática sino matizada por dudas y debates constructivos
En la gala de los Goya, el triunfo de Los domingos, una película sobre una adolescente bilbaína que decide hacerse monja, llevó a una humorista a protestar contra el mensaje de la película porque, decía, le daba pena que los jóvenes necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana. Terminaba criticando a la institución eclesiástica con: "Menudo chiringuito tenéis montado. Se acabó. Vayan saliendo".
En la película, la adolescente interpretada magníficamente por Blanca Soroa tiene una revelación y siente que Jesús se dirige a ella personalmente y que la ha elegido para una vida contemplativa y de oración. En lugar de una vida convencional, la chica opta por ser una heterodoxa, alguien que mantiene una opinión y una conducta diferenciada de la mayoría, porque cree que para ella es el camino correcto. Mientras a su alrededor se agitan una serie de pequeñas miserias —disputas de herencias, problemas de parejas que se engañan, fracasos en la vida laboral, los juegos entre vulgares y obscenos de adolescentes inflados de hormonas—, Blanca Soroa respira en las canciones religiosas, las oraciones y los pequeños, privados e íntimos trabajos de un convento el sentido de la vida: llegar a ser uno mismo.
Hace unos años, José Ángel González Sainz escribió en La vida pequeña. El arte de la fuga un breviario laico, una defensa de un paraíso de andar por casa, rescatando esos momentos a lo largo del día que nos hacen estar, muchas veces sin ser conscientes, en el paraíso (que decía Borges): la ama de casa que, mientras espera a sus hijos volver del colegio y a su marido del trabajo, cocina un rabo de toro con papas a la pobre que sería la envidia de un restaurante cordobés; la mujer que, a la salida del supermercado, da un par de monedas al mendigo que está absorto en la lectura de un libro; el senderista que busca níscalos bajo la lluvia en el bosque sabiendo diferenciar el sabroso del venenoso; el librero que ordena los libros de las estanterías por........
