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En Hungría ganan Ayuso e Iván Espinosa de los Monteros; han perdido Sánchez y Abascal

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14.04.2026

En Hungría ganan Ayuso e Iván Espinosa de los Monteros; han perdido Sánchez y Abascal

La victoria de Péter Magyar en Hungría supone un vuelco contra el modelo de Viktor Orbán y un aviso para el sanchismo en España.

Péter Magyar (pronunciado aproximadamente "Péter Madyar") tenía, cuando era joven, un retrato de Viktor Orbán en su dormitorio, ya que este era un destacado líder anticomunista. Magyar sigue siendo un feroz anticomunista, como buen antitotalitario, pero se ha desprendido del abrazo del oso putiniano en el que se había dejado atrapar su otrora héroe. Abogado, se graduó en Derecho en una universidad de élite católica en Budapest y se unió al partido de Orbán, Fidesz, en 2002 cuando solo tenía 21 años. Trabajó cerca de Orbán y Fidesz como diplomático en Bruselas y ocupó cargos importantes en empresas y organismos estatales. Su mejor amigo de la infancia, Gergely Gulyás, era el jefe de gabinete de Orbán. En 2006 se casó con Judit Varga, quien llegó a ser ministra de Justicia de Orbán entre 2019 y 2023. Tuvieron tres hijos juntos. Se divorciaron en 2023. También se divorció de Orbán un poco después, en 2024.

No sé qué pasó con su mujer, pero sí lo que ocasionó el divorcio con Orbán: la presidenta de Hungría (Katalin Novák) y Judit Varga indultaron a un hombre condenado por encubrir abusos sexuales en un hogar infantil. Ambas dimitieron por el escándalo. Magyar, enfurecido, publicó en Facebook una fuerte crítica contra el Gobierno de Orbán, acusándolo de corrupción generalizada, clientelismo y de convertir el país en un sistema "mafioso" (llamado NER — Sistema de Cooperación Nacional). Como si alguien del PSOE se hubiese atrevido a denunciar el sistema institucional corrupto del sanchismo, aunque en comparación con Fidesz, el partido de Pedro Sánchez practica la omertà con una disciplina que para sí quisieran la Camorra y la Mafia.

Fue entonces cuando Magyar dio una entrevista en YouTube que se convirtió en viral, fundó el movimiento Tisza (Respeto y Libertad) y en las elecciones europeas de junio de 2024 sacó casi el 30% de los votos y se convirtió en eurodiputado. En solo dos años pasó de ser casi desconocido a derrotar a Orbán con una victoria aplastante.

Para entendernos, es como si Santiago Abascal fuese el presidente del Gobierno español e Iván Espinosa de los Monteros hubiese fundado un movimiento político alternativo. De hecho, Magyar tiene un perfil personal, político y económico muy cercano a Espinosa de los Monteros, ya que se define como conservador, nacionalista y proeuropeo, un centroderecha liberal-conservador. Sus promesas clave son contra la corrupción, recuperar fondos de la Unión Europea, la mejora en los servicios públicos y un cambio radical en las relaciones internacionales que pasa por alejarse de Putin, el lord tenebroso de la extrema derecha, y mejorar las relaciones con la UE y la OTAN y reducir la dependencia energética con Rusia —convirtiendo la alianza de sumisión de Orbán hacia Putin en una postura pragmática, pero desde un alineamiento sin sombras con Occidente, incluido el apoyo al ingreso de Ucrania en la UE en el largo plazo—.

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Desde el punto de vista económico, se ha comprometido con una justicia social desde una perspectiva liberal, lo que significa invertir, que no gastar, en sanidad, educación, transporte y vivienda, con una aproximación promercado para recuperar el crecimiento a través de atraer inversiones y modernizar el país. Como decía, es un liberal-conservador, promercado pero también con posiciones conservadoras en temas de familia, migración y valores, pero rechazando el estilo matón y fanáticamente "anti-Bruselas" de Orbán.

En definitiva, las elecciones parlamentarias húngaras han marcado un punto de inflexión histórico. Magyar y su partido Respeto y Libertad (gran nombre para un partido porque combina los dos valores fundamentales del conservadurismo y el liberalismo), se encamina a una supermayoría de dos tercios en el Parlamento. Todo esto significa, en definitiva, un liberal-conservadurismo más abierto a Europa, el Estado de derecho y la integración occidental, alejándose del modelo iliberal ultraconservador que combinaba control estatal, enfrentamientos con Bruselas y una deriva cada vez más problemática en materia de corrupción y alianzas externas con poderes autocráticos y liberticidas como el de Putin.

En clave española, y a la luz de todo lo expuesto —el desgaste por escándalos de corrupción, el clientelismo institucional, el control de medios y la orientación geopolítica tercermundista—, el resultado en Hungría supone un duro revés para el modelo representado por Pedro Sánchez (además, claro, del gran valedor del húngaro, Santiago Abascal). Este, como equivalente funcional de Orbán en el contexto hispano, ha encarnado durante años una gestión marcada por la erosión de instituciones, pactos con fuerzas independentistas y populistas, y un acercamiento estratégico a potencias como China que contrasta con la tradición atlántica y europea de España. La derrota de Orbán ilustra cómo, incluso en sistemas polarizados, los electores acaban penalizando la concentración de poder y las derivas antioccidentales cuando perciben que afectan al bienestar colectivo y al prestigio internacional del país.

Por el contrario, han resultado fortalecidas las figuras que representan un liberalismo-conservador prooccidental, anclado en la defensa del Estado de derecho, la economía de mercado, la lealtad a la OTAN y la Unión Europea, y un patriotismo compatible con la modernidad. En el panorama español, eso se traduce en el impulso de líderes como Isabel Díaz Ayuso e Iván Espinosa de los Monteros, quienes encarnan esa síntesis de libertad económica, valores conservadores y firme alineación con el núcleo duro de Occidente.

Hungría ha dicho basta a un ciclo agotado. España, en sus próximas citas electorales, tiene la oportunidad de extraer la misma lección si los votantes premian la coherencia, la transparencia y la defensa sin complejos de un proyecto nacional integrado en el mundo libre. El viento de Budapest sopla en esa dirección, solo falta que los molinos de la corrupción socialista no consigan que se aleje de Madrid, Sevilla o Bilbao.

Iván Espinosa de los Monteros


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