"¡Qué me escuche España!"
"¡Qué me escuche España!"
Los ceutíes han improvisado la mejor definición de la resistencia popular desde 1793: "Somos duros de roer y vamos a estar dando por culo hasta el último día".
En su serie sobre la Vendée, Federico Jiménez Losantos ha ilustrado el origen de una de las circunstancias definitorias de la Modernidad: el odio al pueblo que ha sentido la élite de izquierdas desde Robespierre. Murieron unas doscientas mil personas entre 1793 y 1796 cuando campesinos, artesanos y nobles locales se unieron para defender el orden tradicional y monárquico contra las reformas anticristianas y la persecución de los sacerdotes católicos leales a Roma que realizaba la dictadura jacobina. El pueblo llano se resistía a que lo liberasen si la libertad que traían los racionalistas de la guillotina no era sino una dogmática impuesta a sangre y fuego.
Desde entonces, todas las revoluciones de izquierdas han consistido fundamentalmente en la lucha entre la clase popular y la autoproclamada vanguardia del proletariado, esa burguesía que, en realidad, no era sino un selecto grupo de idiotas indigestados de ideología. Los bolcheviques masacraron a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones y los maoístas mataron de hambre a millones de ciudadanos, de obreros a profesores, que no tragaban con la dialéctica marxista. El tertuliano de izquierdas actual que contempla con un mohín de asco y un gesto de desprecio a los........
