¿Hará Feijóo con Largo Caballero lo que hicieron Zapatero y Sánchez con Franco?
¿Hará Feijóo con Largo Caballero lo que hicieron Zapatero y Sánchez con Franco?
El sesgo que desequilibra el campo de juego a la hora de juzgar a los destructores de la Segunda República en cuanto proyecto liberal no es solo político-partidista, sino que está institucionalizado.
Hay una asimetría moral en la política española que lleva décadas enquistada como una espina en el talón de nuestra democracia. Se exige que la derecha española haga un ejercicio de contrición pública por su herencia franquista. Podemos discutir si ese ajuste de cuentas es legítimo y necesario tras la amnistía al principio de la Transición. Pero lo que es indiscutible es que la izquierda, y en particular el PSOE, ha construido durante décadas una cómoda inmunidad para no someterse al mismo rasero. Y eso, intelectualmente, es una estafa. Y moralmente, una infamia.
Fuego cruzado, el meticuloso trabajo de los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Fernando del Rey sobre la «primavera» del 36, ofrece munición más que suficiente para derribar ese doble estándar. No con propaganda ni con revanchismo, sino con algo infinitamente más incómodo para según qué lectores: los hechos. En particular, uno: su líder más destacado durante la Segunda República, Largo Caballero, no era un socialdemócrata que se torció en malos tiempos por las circunstancias. No fue Anakin Skywalker transformándose en Darth Vader. Desde sus inicios fue un proyecto de dictador frustrado, un Robespierre de alpargata que había decidido que la democracia liberal era un obstáculo burgués en el camino hacia la República Soviética Ibérica. El hombre que vetó a Indalecio Prieto como presidente del Gobierno —porque Prieto podía tender puentes con el centroderecha y eso era, para Largo, la traición suprema— es el mismo que hoy tiene una estatua en el Paseo de la Castellana de Madrid. Una estatua. En la capital de una democracia constitucional. El mismo Zapatero que se llenaba la boca con la «memoria histórica» era fan declarado de este individuo. Pedro Sánchez también.
Largo Caballero quería una bolchevización del PSOE. No es una metáfora ni una exageración de derechistas........
