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Aznar, un puro y la guerra de Irán

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28.03.2026

Aznar, un puro y la guerra de Irán

Sánchez acude al Congreso con la obligación de informar sobre la guerra de Irán y nos habla de lo que le viene en gana, empezando por algo que sucedió hace 23 años y que, además, falsea.

Pedro el Pacificador intervino ante el pleno del Congreso de los Diputados -el pasado miércoles- para informar sobre la guerra en Oriente Próximo y, con su reconocido desparpajo, comenzó recordando que hace 23 años hubo un presidente que fue de lo malo lo peor y nos apuntó a una guerra en Irak para satisfacer su ego. Se llamaba (y se llama) José María Aznar. Su risa se emboscaba tras un bigote. Mascullaba. Cuentan los suyos que les tenía en vilo con un cuaderno azul en el que apuntaba los nombres de los que hacían pellas. "Debéis saber queridos niños -les dijo Sánchez a los diputados- que desde jovencito Aznar anhelaba ir a la Casa Blanca para fumarse un puro y poner los pinreles sobre una mesita junto al presidente americano. Para conseguirlo nos arrastró a esa locura (refiriéndose a la guerra de Irak)… porque quería sentirse importante. Porque quería que el presidente George Bush le invitara a un puro y poner los pies sobre la mesa. Sí, queridos niños, insistió. Una guerra a cambio de ego". Mintió como solo él sabe hacerlo. Como un bellaco, porque la foto a la que se refiere se tomó en Canadá el 25 de junio de 2002. El presidente Aznar asistía a una cumbre del G8. A su derecha, el canciller Schröder y el primer ministro japonés Koizumi. No están en la Casa Blanca. Falta más de un año para que Estados Unidos invada Irak. Preguntado en una entrevista, Aznar recordaba: "Estábamos en un descanso y al entrar los fotógrafos, Chirac y el resto los bajaron. A mí me da igual, pero a ellos no les daba igual". ¿Nadie le pasó una nota al señor Feijóo para que le afease haber empezado con una mentira? O a lo peor es que están convencidos de que fue como lo cuenta Sánchez.

"Hay fechas que no se olvidan, continuó el presidente. En mi opinión, el 15 de febrero de 2003 fue una de ellas. Aquel sábado más de tres millones de ciudadanos salieron a manifestarse por toda España, con un mensaje sencillo y rotundo: 'No a la guerra'. Las encuestas de aquellos días eran muy claras, eran muy contundentes: menos del 6% de los españoles querían que España se sumara al conflicto". Ese año, Sánchez era uno de los machacas de Pepe Blanco, el secretario de Organización del PSOE. Ferraz le había colocado en el puesto 23 en la lista socialista al Ayuntamiento de Madrid y no consiguió acta de concejal. Fíjense en estos datos antes de continuar con el discurso del presidente. Las elecciones municipales se celebraron el 25 de mayo de 2003. Dos meses después de las manifestaciones del 'no a la guerra'. En Madrid, según los organizadores, se congregaron dos millones de personas el 15 de febrero y un millón y medio el 16 de marzo. ¿Cómo influyeron en el resultado de las elecciones al Ayuntamiento? La izquierda perdió apoyos. La suma de PSOE e Izquierda Unida bajó del 44,7% en 1999 al 43,9% en 2003. El PP subió un 1,8 en porcentaje de voto, hasta el 51,3% y ganó dos concejales. Las manifestaciones producen espejismos en los convocantes. Los datos no corroboran que a más movilización, más votos. Solo cuando la sociedad sufrió una fuerte conmoción, la movilización de la izquierda fue un factor que modificó el resultado electoral. Es lo que ocurrió tras el atentado del 11M de 2004. El preelectoral del CIS y el Pulsómetro de la SER daban una holgada mayoría al PP.

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Siguió el presidente con su discurso. Reconoció, amargamente, que la guerra "nos aleja de las prioridades de la gente y solamente con un propósito, con un objetivo, y es alimentar los intereses de unos pocos, de los de siempre, de los de arriba". A la misma hora -minuto más, minuto menos- que Sánchez hacia esta afirmación, el Consejo de Administración de Indra, participada en un 20,1% por el Estado, proponía subir la retribución de su CEO, José Vicente de los Mozos, un 55%. Pasaría así de cobrar 2,7 a 4,2 millones de euros. Como ustedes saben, la empresa Indra es nuestra "campeona nacional en la industria de defensa", aunque ahora es lo más parecido a un gallinero. Así que sí, va a tener razón el presidente que con las guerras ganan los de siempre, los de arriba.

Hay que darle las gracias al señor Feijóo por aclarar que está contra la guerra y contra Sánchez. "Les resumo nuestra posición, no a la guerra y no a usted". Lo repitió por si no quedaba claro. Esto último, lo de Sánchez, se suponía. Lo de estar contra la guerra, así dicho, suena un poco infantil. ¿Está contra esta guerra o contra las guerras en general? Una pregunta: ¿Usted también hubiera denegado a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón? ¿Rechazado todos los planes de vuelo relacionados con la operación en Irán, incluidos los de los aviones de repostaje, como hizo Sánchez? Roni Kaplan, portavoz en español de las Fuerzas de Defensa de Israel, detallaba hace un par de días los objetivos: "Maximizar el deterioro de las capacidades militares iranies en el menor tiempo posible y eliminar la amenaza existencial que Irán nos pone a largo plazo. Ese es el marco para evaluar cualquier resultado". Seguro que el líder del PP tiene una opinión sobre esto. ¿Cree que Israel debe impedir que Irán consiga un arma nuclear? De ser así, ¿tiene alguna idea de cómo hacerlo? Después de 28 minutos de intervención, no dijo nada. Bueno, sí. Afirmó que el 60% de los españoles están contra la guerra y que el PP está con ellos. Entonces… ¿acierta Sánchez?

Se critica, y con razón, al presidente del Gobierno por sus discursos de escapista. Acude con la obligación de informar sobre la guerra de Irán y nos habla de lo que le viene en gana, empezando por algo que sucedió hace 23 años y que, además, falsea. Este desprecio al Congreso resulta contagioso, porque el líder de la oposición hizo algo parecido. Le dio una buena tunda a Sánchez. Los suyos le aplaudieron, pero se fue sin explicar a los ciudadanos cuál es su posición sobre un asunto tan importante. Y tres cuartos de lo mismo para el encargado de la franquicia trumpetera, el señor Abascal. Es posible que no le hubiera llegado el último argumentario desde la White House y con el lío que hay entre los ultras americanos, al no saber que decir, no dijo nada.

Congreso de los Diputados


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