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El bambi de oro

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19.05.2026

El redentor de los oprimidos era el que llevaba las cuentas de los opresores. Una ONG unipersonal donde las lágrimas de los desfavorecidos cotizaban en bolsa.

Con una mezcla de náusea crónica y regocijo plebeyo, España asiste al derrumbe patético del mayor trampantojo de su democracia reciente. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero —bajo sospechas que, de confirmarse, configurarían una orquesta criminal completa: organización delictiva, blanqueo, tráfico de influencias y falsedad documental— no es un mero trámite judicial. Es el epitafio en neón parpadeante de una impostura que llevaba veinte años macerándose bajo una sonrisa seráfico-liofílica y unas cejas de tebeo infantil convertidas en símbolo de una falsa redención.

Durante dos décadas, las sacristías del progresismo patrio nos vendieron a este hombre como un alma cándida, un San Francisco de Asís laico, un místico del buenismo cuya única debilidad era amar demasiado a la Humanidad. Nos contaron que la codicia le producía sarpullido y que su corazón solo latía por la paz mundial. ¡Qué tierno! ¡Qué fábula tan conmovedora! Y los burgueses temían al jacobino romántico, al Robespierre de León dispuesto a guillotinar el sentido común por una utopía igualitaria. Y resultó que no. Todo era mucho más bajo, más sórdido, más prosaico. Detrás de la pose de pacifista de gominola no latía un idealista despistado, sino se incubaba un gestor de........

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