menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La Generalidad de Cataluña ejecuta a una chica de 25 años, discapacitada al 74%, y la Izquierda lo celebra

16 0
30.03.2026

La Generalidad de Cataluña ejecuta a una chica de 25 años, discapacitada al 74%, y la Izquierda lo celebra

La evolución de la sociedad actual no es precisamente alentadora, pero hay cosas innegociables. Y una de ellas es la libertad para vivir y morir.

Desde la Revolución Francesa, el poder político intenta ocupar el lugar de Dios. Y nada más genuinamente divino o sobrehumano que poder decidir sobre la vida o la muerte de alguien. Los asesinos en serie y los violadores no actúan por dinero, sexo, vicio o reto a la ley, sino por el placer de tener una víctima a su merced. Y decidir su vida, muerte, sufrimiento e indefensión ante el dios caprichoso que decide cuándo acabará con ella. Y lo más parecido a sentirse un Dios es poder matar a otro ser humano.

Los que creen que hay algo por encima de su placer lo sufren, los que creen que no existe nada más, lo disfrutan. Unos creen en una ley natural, por encima de la humana, y buscan conciliar ley y moral. Otros sólo creen en la ley que se puede imponer. Y no hay imposición más placentera que disponer de la vida y la muerte de alguien y no sólo por la fuerza, sino con la excusa de hacer el bien hasta al muerto. Y la eutanasia es esa ley que consagra dioses y víctimas de modo irreversible. La izquierda ha disfrutado con la ejecución de Noelia Castillo porque ella misma pidió morir, en televisión, contra su padre y contra la moral católica. Qué mayor placer para el caníbal que ver a la víctima ofrecerle su corazón.

Una ley infame, ilegal de fondo e ilegítima de forma

La ley de eutanasia se registró en el Congreso en enero de 2020, se tramitó en marzo, y entró en vigor al año siguiente, en junio de 2021. Pero no se presentó, pese a su trascendencia, como una Ley de Gobierno, sino del PSOE, para evitar el debate parlamentario que merecía y para eludir el informe del Consejo de Estado, que hubiera sido preceptivo. El gobierno también ignoró el informe del Comité de Bioética de España, totalmente contrario a la ley, porque no abordaba el aspecto psicológico de la decisión ni de los cuidados paliativos. Se trataba de legalizar la muerte, sin más. Es verdad que para muchos se trata de evitar el sufrimiento innecesario de los que no pueden vivir o no son conscientes de que viven. Y este es el peligro mayor, político social y moral de esta ley: que médicos, psiquiatras y otros especialistas, puedan inducir a alguien a morir y ellos mismos lo maten. Y una persona que no se puede valer ni sabe lo que pasa, está absolutamente indefensa ante esta ley. El dolor, el ánimo, la depresión, pueden mejorar. La muerte es irreversible. Y lo que muchos han celebrado es una ejecución.

El punto de vista liberal

Si la Izquierda ha tenido claro siempre que todo camino hacia la eutanasia es bueno, y la derecha religiosa tiene claro que, salvo en el encarnizamiento terapéutico, condenado por la Iglesia, todo lo que se le acerque es malo, en los sectores liberales, especialmente los más jóvenes, ha habido una especie de encogimiento crítico, de sumisión teórica ante un hecho que no les gusta pero que aceptan como prueba de la libertad individual de una persona. Eso vale en un suicidio, no en un suicidio asistido, y, menos, en una ejecución.

Pero es que el caso de Noelia es la negación de una auténtica libertad para decidir vivir o morir. Su vida fue una sucesión de catástrofes, cuya máxima instancia responsable es la Generalidad de Cataluña, que exigió su tutela quitándosela a los padres, porque no la cuidaban bien, y la sumergió en un infierno de corrupción, violencia y abusos sexuales, como hemos demostrado en los programas especiales de Libertad Digital y esRadio. Invito a verlos o escucharlos a quienes duden de que el Estado puede ser, aunque no siempre, peor que el peor padre. Y, sin duda lo fue con Noelia.

Aunque de forma parcial, con poca información o directamente sin ella, los medios han dado muchos datos sobre el infierno de la vida de esa niña, luego adolescente, luego joven y, al final, voluntariamente, cadáver. Pero ¿voluntariamente? ¿Tiene una persona libertad de elegir cuando está medicada desde niña, padece una depresión crónica, ha pasado de estar hipermedicada a no estarlo en absoluto, ha sido varias veces violada, algo habitual en las casas de acogida de Cataluña, Valencia o las Islas Baleares? Y pese a esa evidencia, ha sido una institución criminalmente corrupta, de la Generalidad de Cataluña, que representa el Estado Español, la que ha pleiteado contra el padre al que le quitó a su hija, para ahora ejecutarla.

22 Mar. 2026: Lo mejor y lo peor de la guerra civil en Vox

15 Mar. 2026: Vox o el triunfo de la partitocracia

8 Mar. 2026: Pumpido quiere imponer la memoria etarra en nuestra Constitución

1 Mar. 2026: Los papeles del 23-F que eran del 27-O y el Partido Campechano Tarumba

La joven tenía oficialmente una discapacidad del 74%, que, por pura lógica, la incapacitaba, para decidir libremente nada menos que su muerte. No hay libertad sin responsabilidad, y no hay responsabilidad cuando no se está en condiciones mentales, físicas, biográficas y morales, para decidir algo que es, por naturaleza, irreversible. Una medicación puede cambiar, un psicólogo puede ser sustituido y mejorar la atención al enfermo, los dolores pueden ser tratados mejor y el horizonte vital aclararse o no. Lo único que no puede cambiar es la muerte. Y eso es lo que oficialmente se ha elegido.

El camino que, como se ha demostrado, permite esta ley, es de una crueldad absoluta para los más vulnerables. Es cuestión de tiempo, y poco, que se organice a nivel estatal lo que el tristemente célebre Doctor Montes y los de "Sendero Luminoso" montaron en un hospital de Madrid, donde alguien entraba por urgencias y, al día siguiente, salía por el tanatorio, sin decirle a la familia una palabra, no fuera a salir objetora de conciencia. La investigación del Colegio de Médicos acabó con aquella masacre soviética. ¿Podría hacerlo ahora, con esta Ley de la eutanasia, más bien del embudo?

Hay que insistir en que Sánchez ha instaurado la pena de muerte en España, sin debate parlamentario, sin los informes legalmente necesarios y sin permitir que algo tan delicado se someta, como debe ser, a referéndum. No puede ser, o no debe tolerarse, que mientras sueltan a los asesinos de la ETA socios del Gobierno, permitan ejecuciones como la de Noelia Castillo. Hay médicos matasanos y mataenfermos, capaces de mandar al otro barrio a quienes crean que molestan la buena marcha de una sociedad progresista.

La eugenesia y la sociedad totalitaria

La eugenesia (buena raza) fue objeto de debate en la URSS muchos años, gracias al Premio Nobel Muller, que se hizo comunista y compartió planes de selección humana con un sector de la intelligentsia soviética, cuyo gran episodio de falso cientificismo fue la "Ciencia Proletaria" de Lyssenko. Con la derrota del III Reich quedaron desacreditadas para la Izquierda unas ideas, entre espartanas y malthusianas, que se impusieron durante medio siglo en las sociedades occidentales. Uno de los que más las combatieron fue Chesterton, que la veía como una manifestación del mal. Hoy hay un amplio debate sobre las modificaciones genéticas que permiten intervenir malformaciones o afecciones graves incluso en el seno materno. Pero no hay que perderse en ese terreno, por naturaleza discutible. La Ley de Eugenesia de Sánchez no tiene nada de científica y todo de totalitaria.

Hay que hacer una ley que regule realmente el derecho a una muerte digna, pero no puede ser una conjura para eliminar a la gente que sale cara. Vamos a una sociedad de ancianos, que pagan con su trabajo el derecho a la atención, el respeto y la compasión que se esperan de una sociedad decente. La evolución de la sociedad actual no es precisamente alentadora, pero hay cosas innegociables. Y una de ellas es la libertad para vivir y morir. No para que el Estado te deje vivir, pero se reserve el derecho de conducirte a morir.

No es casualidad que, con la apoteosis de la eutanasia, Mónica Oltra, ejemplo del derecho a destrozar vidas como la de Noelia, anuncie su vuelta a la política y que aspira la alcaldía de Valencia. La campaña puede hacerla con su marido de permiso penitenciario. Y su víctima podría ir en una lista de la oposición, para protegerla. Si Oltra gana, puede querer terminar con la niña a su custodia de la que abusó su marido y acabó esposada ante la juez. No puede ser más oportuna su candidatura ni más necesaria la pedagogía.


© Libertad Digital