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Estar en su sitio

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27.03.2026

Imagen de archivo. / Freepik

No suele ser fácil. Todos tendemos a movernos. Unos para alcanzar la zona de confort. Otros por ilusiones que se abandonan con la misma rapidez, lo que les lleva a ser cínicos. Hay quien puso su objetivo en algo inalcanzable, y salvo que venda su alma al diablo, no lo logrará, aunque el iluso desconozca que no pasa nada por no conseguirlo; y hay quien lo rebajó al mínimo: ni robo ni mato, y da por bueno lo demás. Si puedes dar como 50 y te propones 10, lo más seguro es que no llegues a 1. Si, en cambio, puedes dar como 10 y te exiges 20, seguramente logres 15. Es la condición humana.

Otros, inclinados a ser el ombligo del mundo, sobreactúan para que nadie les quite el sitio. Opinan de todo y de todos, creyéndose a salvo de error, porque su opinión está fundada sobre roca. Y se pasan de rosca. Consideran que si agitan las turbulentas aguas de la violencia y la desinformación pueden llegar a lo que se propongan, pero es arriesgado: mala cosa es usar el poder para reventar a otros.

Hay quienes aciertan a vivir bien, lo que denomino estar en su sitio, que no es un estado de cosas ideal, ni un arrebato por unas circunstancias favorables. Es algo que muchos no atisban, porque está más allá del horizonte humano y, por supuesto, del mero postureo. Supone no estimarse superior a los demás: tarea noble, aunque difícil, donde las haya.

Normalmente tendemos a pensar que uno no puede ser un simple tornillo de una inmensa maquinaria; y sin embargo, si está en su sitio y no afloja, la máquina logrará la perfección en su funcionamiento. Uno puede ser un renglón en el algoritmo construido con millones de órdenes, pero, si está en su sitio, entonces la programación será acertada y el resultado preciso.

¿Qué es entonces estar en su sitio? ¿Acaso es encontrarse en el lado correcto de la historia? Para algunos es posible que sí; pero va a ser que no. Muchas personas han estado en el lado correcto de la historia y, sin embargo, su vida pareció un fracaso; y al revés, también, pero lógicamente peor. Podemos poner, sin ir más lejos, como ejemplo, la figura de Jesucristo quien fue crucificado por no estar en el lado correcto de la historia (¿?), aunque estuviera, sin duda, en su sitio.

Muchas incomprensiones, discusiones, agresiones, y hasta guerras, nos amargan la vida y nos rompen por dentro; y todo por estar fuera de sitio. El final, que nos pille en nuestro sitio. Y entonces sí, la vida valió la pena.


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