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La mascletà en València, en la encrucijada: ¿es hora de cambiar su ubicación para evitar una tragedia?

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11.03.2026

Gente esperando la mascletá, con la Estació del Nord al fondo, en las fallas de 2023. / German Caballero

Hace justo tres años, el día de San José de 2023, escribí un artículo preguntándome si se podrían hacer Fallas en la ciudad de València en el futuro o si el enorme 'monstruo' en el que se había convertido ya entonces esta fiesta (carpas, turistas, mascletà, carromatos de buñuelos...) iba a impedir su desarrollo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. En él, manifestaba mi temor porque una tragedia pudiera suceder, por ejemplo, en la plaza del Ayuntamiento o en las calles adyacentes durante el desarrollo de la mascletà, ya que, con 100.000 personas taponando todo el centro de la ciudad, cualquier incidencia mínima puede derivar en una estampida feroz con resultado mortal. ¿Seríamos capaces de sostener en nuestra conciencia 8 o 9 muertos en una mascletà por el simple hecho de celebrar una fiesta? ¿Con qué argumentos se justificaría no haber hecho nada? ¿Por tradición? ¿Por el hecho de que siempre ha sido así? ¡Quién se lo dice a las familias?

Ya es hora de decidir un cambio de ubicación de la mascletà, buscar otro emplazamiento en la ciudad, por dos motivos básicos: el primero, la seguridad. Dos informes de la policía local y de los bomberos han avalado la decisión del ayuntamiento y de Renfe de restringir el acceso de trenes a la Estació del Nord en la hora previa a la mascletà por el enorme alud de personas que, literalmente, llegaban hasta el interior del inmueble, con el riesgo de bloquear trenes, vías absolutamente todo. Y quienes han estado saben que no me estoy inventando nada. Es cierto que durante muchos años se ha podido hacer. De acuerdo. Pero hace años también que no tenemos unas fiestas como las de toda la vida. Todo ha explosionado en cantidades inasumibles, todo. Hay muchísima más gente para un recinto que ya no puede asumir más sin correr el riesgo de una tragedia. Por tanto, y al margen de polémicas sobre autobuses o lanzaderas (obvio que hay que ponerlos si dejas a tus vecinos a 14 kilómetros de València), lo prioritario aquí es la seguridad. Y esto no se soluciona frenando que la gente venga a la ciudad, si no buscando un emplazamiento seguro para desarrollar la fiesta fuera del encajonamiento de la actual plaza.

Además, y aquí viene mi segundo motivo, es indispensable cambiar la ubicación de la mascletà porque una ciudad como València no puede permitirse el lujo de hipotecar el diseño de su principal plaza, aquella en la que está la casa consistorial, a la celebración de una tradición que solo se desarrolla en momentos puntuales del calendario. No tiene sentido. No lo tiene porque, con todo mi respeto, la ciudad pertenece a todos los ciudadanos y no solo a quienes forman parte de un determinado colectivo, pero es que, además, espectáculos pirotécnicos ya hemos visto que se pueden desarrollar, con gran éxito, en otros enclaves más seguros e igual de vistosos. Los vecinos de València, todos los vecinos de València, tienen derecho a disfrutar de un espacio bonito, emblemático e identitario que, ahora mismo, solo se traduce en una larga explanada de cemento y poco más. Ninguno de los alcaldes anteriores ni tampoco ahora María José Catalá han tenido ganas de ponerle el cascabel al gato. Joan Ribó logró peatonalizarla, que no es poco, pero ahora es el momento de pensar en otro tipo de plaza: una nueva plaza icónica, referencial y para las personas. ¿La mascletá forma parte de nuestra tradición? Claro. Pero se puede disparar en otro lugar. Todavía estamos a tiempo de evitar una desgracia, aunque pero el reloj avanza.

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