¿Por qué importa tanto la edad?
Maxi Iglesias y Aitana Sánchez Gijón / Levante-EMV
El escándalo no siempre dice algo de quienes protagonizan la historia; muchas veces retrata, con bastante fidelidad, a quienes observan. Que Tana Rivera salga con Roca Rey -ojalá se recupere pronto de la cornada sufrida el jueves en Sevilla- no sorprende. Tampoco levanta grandes titulares que El Mago Pop salga con Jéssica Goicoechea. Pero cuando apareció el nombre de Maxi Iglesias vinculado al de Aitana Sánchez-Gijón, el murmullo cambió de tono y se convirtió en juicio. ¿La diferencia? La edad. O, más bien, quién es mayor que quién.
Porque, como espectadores de la relación, no cuestionamos el amor o la libertad individual. Hablamos de normas no escritas que siguen midiendo a hombres y mujeres con reglas distintas. Durante décadas, la imagen del hombre mayor con mujer joven se ha normalizado hasta volverse invisible. Nadie cuestiona la relación entre Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas -se llevan 25 años- o la de Mick Jagger y Melanie Hamrick con alrededor de 44 años de diferencia.
Mick Jagger y Melanie Hamrick / Levante-EMV
En cambio, cuando se invierte el esquema —cuando es ella quien tiene más años, más experiencia o simplemente más vida vivida—, el foco se desplaza. ¿Incomoda? ¿por qué? Tal vez porque desafía una jerarquía muy arraigada: la que vincula el valor femenino con la juventud. Bajo esa lógica, una mujer que elige libremente con quién estar —sin importar la edad— rompe el guion. Y cuando alguien rompe el guion, siempre hay quien prefiere cuestionarlo.
Lo llamativo es que este tipo de polémicas rara vez tienen que ver con la pareja en sí. No sabemos qué comparten, qué les une o qué les hace felices. Pero eso no importa. Acudimos a lo superficial: la diferencia de edad, el qué dirán, la comparación constante. Como si el amor necesitara ajustarse a una plantilla para ser legítimo.
Sin embargo, la realidad es más simple —y más incómoda para ciertos prejuicios—: una mujer puede salir con quien quiera. Igual que un hombre. Podemos elegir, cambiar, experimentar, equivocarnos o acertar. Podemos vivir nuestra vida afectiva sin pedir permiso ni encajar en etiquetas diseñadas por otros. Y eso no debería ser revolucionario en 2026.
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Quizá el verdadero escándalo no es que una mujer mayor salga con un hombre más joven. Quizá el escándalo es que, a estas alturas, siga habiendo quien se escandalice.
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