Entre la huelga y El Ventorro
Manifestantes, ante la Conselleria de Educación. / Ana Escobar / EFE
La huelga dice también algunas cosas buenas de nosotros. No solo la capacidad de unirse en tiempos de soledad casi obligada y desempolvar algo de solidaridad. Las reivindicaciones son de una sociedad que ha avanzado y pide condiciones de calidad para la formación de las nuevas generaciones. Mi mundo de estudiante es una clase de ladrillos caravista y pupitres rayados después de mil usos donde nos hacinábamos 40 chicos y chicas delante de alguien que solo tenía unos libros y una pizarra verde para atraernos. Por supuesto, ni calefacción en invierno ni aire acondicionado en verano. Ahora se reclaman clases de poco más de 20 alumnos, preparadas para las olas de frío y calor, acondicionadas para los cambios tecnológicos y profesores dignamente retribuidos para un trabajo importante y reconocido socialmente. Esta huelga no es la de una sociedad precaria. Es la de una sociedad mimada. Entiéndase como algo positivo: se mima lo que se valora y se aprecia.
Veo esa sociedad desde la ventana. Pasan cuatro chicos negros bailando y riendo con una canción vieja de Michael Jackson. El mundo nuevo. Veo a hombres y mujeres en una danza sin orden en la plaza. Se mueven de un lado a otro mientras parlotea cada uno consigo mismo. Parece una performance artística. Será verdad que el teléfono móvil es el verdadero agente transformador de un nuevo mundo de........
