menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La resistencia cultural ucraniana

14 0
19.04.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

La guerra rusa contra Ucrania ha puesto al descubierto una serie de temas que no eran visibles antes de 2014, cuando Rusia ocupó partes de las regiones de Donetsk y Luhansk, así como Crimea. En primer lugar, la necesidad de resistir a la invasión evidenció la urgencia de una consolidación que ha sacudido las identidades, incluidas las étnicas, políticas y de género, provocando cambios drásticos en la autopercepción colectiva e individual dentro de la sociedad ucraniana. En segundo lugar, ese mismo impulso de consolidación, sumado a la importancia de cada acción individual frente a las atrocidades cometidas por Rusia, otorgó un valor central a la agencia personal: la capacidad de actuar en lugar de ser únicamente víctima de circunstancias violentas. Al igual que los esfuerzos de los soldados ucranianos y voluntarios que apoyan al ejército, la agencia se ha convertido en piedra angular de la resistencia cultural ucraniana. Cuando los misiles, drones y cohetes rusos caen sobre Kyiv y otras ciudades ucranianas, el pensamiento que mantiene unida a la sociedad bajo ataque es: esta acción puede contrarrestarse con la solidaridad, la resiliencia, la unión, pero también con la profunda comprensión del valor de cada vida, cada contribución, ya sea en el campo de batalla o en la esfera cultural. Cada acto individual puede considerarse dentro de la resistencia.

En mi libro Ambicoloniality and war. The Ukrainian-Russian case ofrezco una explicación al enigma de por qué, desde hace mucho tiempo, Rusia está obsesionada con Ucrania, una situación en gran parte incomprendida en América Latina desde el inicio de la guerra. En el volumen publicado por Palgrave Macmillan en 2025 argumento que el entrelazamiento entre Ucrania y Rusia ha ido en ambas direcciones, y que el impacto simbólico-histórico de Ucrania provocó que el deseo colonial ruso tomara un rumbo irracional. Esto ha dado como resultado el colapso casi total del propio Estado ruso, llevado por acciones obsesivas orientadas a apropiarse del territorio ucraniano y a ejercer un dominio sobre las identidades –y las almas– de su pueblo. Este proceso ha seguido las etapas de filtración de influencias mutuas a lo largo de la frontera compartida: apropiación, afecto –o enredo– y, finalmente, transgresión, lo que ha desembocado en una violencia colonial por parte de Rusia que ya resulta anacrónica.

Como bien ha señalado Slavoj Žižek hablando sobre este libro: “Incluso aquellos que eran muy críticos con la forma en la que la Unión Soviética, China o Vietnam trataban a sus vecinos eran muy reacios a calificarlos como ‘(neo)colonialistas’. En silencio asumían que el ‘colonialismo’ era algo que hacían las grandes potencias occidentales (y que aún hacen a nivel económico), mientras que la expansión imperial actual de Rusia y China (no solo hacia sus vecinos sino también en África central) tenía que describirse en otros términos. La aceptación de un concepto que hasta ahora solo se reservaba para el ‘mal’ ocasionado por Occidente lo cambia todo.”1

En efecto, ha llegado el momento de nombrar el (neo)colonialismo ruso como tal, una idea que la cultura ucraniana ha........

© Letras Libres