Un libro imperfecto para el Pez plátano
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Leemos biografías de Jerome David Salinger (no muchas) por el mismo motivo que leemos biografías de Bob Dylan (incontables): porque nada resulta más fascinante que revisitar el paisaje de un hombre haciendo las cosas a su manera, sin nunca comprometer su arte, ni importarle el qué dirán.
En este contexto –para los siempre necesitados de alguna nueva dosis o flamante virus sobre el creador y suicidador de Seymour Glass– el anuncio entre trompetas triunfales del Salinger de David Shields y Shane Salerno (recién aparecido en la editorial norteamericana Simon & Schuster y próximo a ser traducido por Seix Barral) como algo definitivo y rebosante de testimonios clave así como impactantes revelaciones, se esperaba como el equivalente literario a la resolución del enigma de quién y cuántos dispararon sobre JFK aquella mañana de Dallas hace cincuenta años.
Poco y nada importaba que el primer y descartado título para esta supuesta madre de todas las biografías llevase el un tanto portentoso título de The Private War of J. D. Salinger. O que su portada –donde ya se leía, antes de su estreno y de críticas no muy favorables, “el libro oficial del aclamado documental”– invocara más juguetona que ingeniosamente el rojo bermellón y letras amarillo cromo que Salinger ordenó para la edición de bolsillo de su Catcher por los siglos de los siglos. O que los responsables –porque a lo largo de los tiempos más de un amateur resolvió un caso que los mejores profesionales no supieron cerrar– no fuesen profesionales de la materia como Blake Bailey, quien diseccionó con profesionalidad y sin anestesia a Richard Yates y John Cheever y Charles Jackson y, próximamente, Philip Roth. No, los médiums más bien extra small son David Shields (alguna vez correcto novelista y hoy más reconocido como autor del manifiesto/apología de la apropiación de lo ajeno que es Reality Hunger, de 2010) y Shane Salerno (director del “aclamado documental” en cuestión y guionista de películas como Armageddon y Salvajes).
Superada la lectura de Salinger, uno no puede sino........
