Beatriz de Moura, entre la edición y la escritura
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El 17 de abril pasado, a los ochenta y siete años de edad, falleció Beatriz de Moura y con su muerte terminó, quizá definitivamente, el boom latinoamericano. Fundadora y directora de TusQuets Editores desde 1969, De Moura marcó el rumbo –a veces turbulento– de la edición hispanoamericana en una de sus épocas de mayor proyección global.
Aunque nació el 6 de mayo de 1939 en Río de Janeiro, Beatriz creció en Quito. Como su padre era un diplomático, el resto de su infancia se dividió entre Argel, Roma, Valparaíso y Barcelona. Bella, cosmopolita y brillante, creció rodeada de lujos como relata Carlota Álvarez en su libro Una curiosidad sin barreras (Tusquets, 2025). En 1959, se matriculó en la Escuela de Traductores e Intérpretes de Ginebra y separarse de su familia le abrió los ojos: ella había sido una muñeca de su padre y ahora, por fin, era libre. Después de estudiar en Ginebra, la joven Beatriz llegó –más bien, volvió– a probar su suerte en Barcelona. Sin el apoyo del padre con quien había roto relación, se vio forzada a trabajar doble turno: media jornada por las mañanas en la editorial Gustavo Gili y media jornada por las tardes en Salvat. Del primer trabajo fue despedida por usar ropa “escandalosa” bajo el uniforme: con “escandalosa” me refiero a leotardos entallados y con “despido” quiero decir que uno de los editores envió una carta a su novio advirtiéndole que De Moura era una mujer de “alto riesgo”. Cuando ella, con mucha razón, llevó dicha carta a la oficina para quejarse con sus jefes, la despidieron. La historia de siempre.
El novio de Beatriz era nada más y nada menos que Oscar Tusquets: arquitecto y uno de los dueños de la editorial Lumen. En 1960, Magín Tusquets había comprado una editorial religiosa para que fuera gestionada por sus hijos: Oscar como diseñador y Esther como editora. De este modo surgió Lumen, con cuatro empleados base –padre, madre, ambos hijos–, el tío Guillermo, el primo Emilio y el mejor amigo de Oscar, Lluís Clotet, con quien diseñaba las portadas de los libros. De Moura había trabajado en algunas traducciones al castellano del francés y el italiano (también dominaba el portugués, el catalán y el inglés) y en 1963 se incorporó como secretaria general. Con el tiempo se movió hacia adquisiciones internacionales y derechos de autor bajo la guía de Esther Tusquets y de Antonio Villanueva,........
