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Cuando la lluvia trae palabras (y veces se las lleva)

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20.03.2026

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Si yo hablara como los campesinos con los que crecí tendría que hablar de la lluvia, escribir sobre lo mucho que ha llovido últimamente en Barcelona. Si mi sustento dependiera de cosechas anuales se notaría en esto que escribo la alegría que trae la abundancia, la vida reverdecida. Pero en mi habitación llena de libros la naturaleza no está más que en un pobre ficus que a menudo olvido regar y Kali, la gata con nombre de diosa que a veces se posa, en asombroso equilibrio, sobre el respaldo del sillón en el que estoy sentada. Hablar del tiempo es casi un género en sí mismo para las mujeres de mi familia. No hay llamada de mi madre que no empiece con un minucioso parte meteorológico. Y eso que vive a sesenta kilómetros de aquí. Mejor eso que que se ponga a detallarme las desgracias de parientes remotos. También menciona el precio de la bombona de gas butano, dato este que la conecta con la geopolítica (sea donde sea, todas las guerras las pagamos nosotros, podría decir aunque no dijo). Sigue con accidentes y cánceres de personas que no conozco. Hasta que la corto para preguntarle: pero tú, ¿tú cómo estás? No hay nada más íntimo en este mundo que la conversación con una madre, remite al origen primero, a la raíz última de nuestra presencia en el mundo. Y cada madre tiene un idiolecto único cargado de palabras y expresiones propias. Esa historia. Solo que mi madre habla una lengua que es de verdad distinta, una cuya existencia desconocen la mayoría de las personas que nos........

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