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Las colinas azules o cómo apuntalar el tiempo

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23.03.2026

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“¿Pueden los recuerdos de la infancia […] desviarse tanto de la realidad, ser tan falsos?”, se pregunta Geoff Dyer en Tareas. Para él, su niñez es “una época de sol perpetuo” porque las fotos solo se tomaban en los días luminosos. Hijo de una cocinera y de un obrero de la industria metalúrgica, de pequeño quería ser buzo o paracaidista, pero llegó un momento en que los libros lo invadieron todo y acabaron sustituyendo a los pósteres de rock progresivo y la parafernalia del Chelsea en las paredes de su habitación.

Son los años setenta, los de las primeras peleas, los primeros pubs, los primeros conciertos, los primeros trabajos, los primeros besos, los primeros polvos. “El pasado es este país, esta Inglaterra. Inglaterra, mi Inglaterra”, la del Vauxhall Victor azul cielo (“el color de las vacaciones”) con el que iban a visitar a toda la parentela, pues ya eran parte de “un nivel de vida que subía como la marea”. Y aunque sus padres seguían aferrados a los viejos valores del ahorro y la gratitud (“siempre nos conformábamos con lo gastado, lo de segunda categoría”), el Estado de bienestar campaba a sus anchas. “Era deprimente llegar a casa del colegio y encontrarme allí a mi madre, esperándome, con los ojos irritados, como el fantasma de una casa que se hubiera quemado hasta los cimientos en ese mismo lugar treinta años atrás”, pero, por fortuna, la tele también........

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