Cuentos como ríos
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“Parecía nadar en una dimensión onírica”, escribe Fernando Garriga en “Un pez naranja”, uno de los seis relatos incluidos en Sacrificio (Fulgencio Pimentel, 2026). Y eso mismo siente quien se asoma a este libro de ambiente enrarecido. Leemos como si atravesáramos una película de Lucrecia Martel, con ese tiempo que parece no transcurrir, muy en la estela de Di Benedetto y sus esperas angustiosas. Aquí, ese quiebre de la linealidad lo vemos en los textos que enmarcan el volumen, donde un jornalero herido y un hombre que huye en canoa por el Río de la Plata lidian con el aislamiento, la alienación y el absurdo de su destino.
Hay mucho de matrioska o de caja china en esta obra, cuya pieza inicial recibió el Premio Ignacio Aldecoa 2026. Unas historias albergan otras y no terminan de cerrarse. Son cuentos sin final que se ramifican a medida que progresan, como en aquello que decía Echenoz de ver un pájaro y seguirlo para hacer avanzar el relato. Los temas –la libertad, la venganza, la soledad, el desamparo, la locura, la violencia– y las acciones se diluyen en atmósferas envolventes y, gracias a la ironía, se vuelven pedestres,........
