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“El futbol desnuda la personalidad de la gente”. Entrevista a Jorge Valdano

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01.06.2026

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Jorge Valdano es una figura singular en el futbol. Fue un futbolista extraordinario que formó parte de la selección argentina que, con Diego Armando Maradona a la cabeza, le dio a Argentina la copa mundial de 1986. Una vez que dejó las canchas, Valdano se convirtió en algo único: un pensador del futbol. León Krauze conversó con él sobre la grandeza de un deporte que trasciende generaciones, culturas y fronteras y que, en un mundo marcado por la polarización, sigue convocando a millones.

Jorge, pienso que, en este tiempo convulso, el futbol parece ser nuestro último vínculo, el único lenguaje verdaderamente universal. En un mundo dividido de tantas maneras, la pelota sigue uniendo a millones. ¿Cómo explicas la comunión única que provoca el futbol?

Se trata de un territorio puramente emocional. Y las emociones unen, crean comunidad y también crean violencia. Por lo tanto, hay que encontrarle la justa medida. Y no obstante es verdad que genera un vínculo que va por encima de razas, por encima de ideologías. La selección argentina que ganó el Mundial de Catar es un buen ejemplo. En estos momentos el país está dividido en dos, está absolutamente polarizado, y lo único que logró unirlo –en una ocasión– fue cuando Argentina fue campeona del mundo y sacó a cinco millones de personas a la calle. Es un milagro que logran el fútbol y muy pocas cosas. Y por eso conviene cuidarlo. Y cuidar sobre todo las aristas, porque el fútbol también alcanza muchas veces cuotas de violencia que son muy desagradables, y para nada son un ejemplo.

La Copa del Mundo logra algo extraordinario: millones de personas sienten la misma emoción –que luego se convierte en tristeza o alegría, pero la misma calidad de emoción– al mismo tiempo. Tú que has jugado y has ganado la copa, ¿qué tiene el torneo que lo vuelve una experiencia realmente única en el mundo?

En primer lugar, se juega cada cuatro años, lo que lo convierte en un torneo excepcional. La expectativa contribuye a generar un interés muy potente. Además, en los jugadores y en los aficionados, ver a la selección tiene otro poder. Jugar envuelto en la bandera de tu país no se parece absolutamente a nada. Y hacerlo en un Mundial tiene todavía un punto más de intensidad emocional. Yo recuerdo que antes de salir a jugar un partido demoraba en ponerme la camiseta, porque me parecía un rito tan bonito, tan hermoso, tan soñado desde que era un niño, que ese instante había que saborearlo. Y luego jugar y ganar el Mundial es el clásico momento de “Esto no me está pasando a mí.” No es el tipo de cosas que suelen pasarles a las personas: meter un gol en una final, ganar, es decir, experiencias que he vivido, que las tengo muy nítidas en la memoria y que solo se logran ante hechos excepcionales. Y el Mundial tiene eso, la excepcionalidad.

¿Qué te pasa por la mente cuando estás escuchando el himno de tu país? ¿Piensas en tus padres, en tus familiares, en tus amigos, en todo tu país? ¿Qué te pasa por la cabeza? Quizá nada y simplemente la concentración del momento.

A mí la infancia me pasaba por la cabeza. Yo recuerdo al entrenador dándonos la charla antes de la final de la Copa del Mundo. Lo que hizo fue sacar un índice de psicología para tocar todos los palos que encontró, para apretarnos todos los botones de la motivación. De esos solo uno logró captarme. Me dijo: “Hoy no hay colegios en Argentina para que los niños puedan verlos a ustedes.” Era algo que me vinculaba con mi propia infancia, con lo que yo sentía cuando veía a la selección argentina. Y fue ese el nudo motivacional que me puso en otra dimensión.

¿Qué le dio a la sociedad argentina el triunfo en el Mundial del 86? Y en términos más generales, ¿qué le puede dar a un pueblo la alegría futbolística? No me refiero necesariamente a ganar la copa, algo que muy pocos países han disfrutado –nosotros no sé si alguna vez lo viviremos, se vale soñar–. La alegría futbolística, que no tiene que ser volverse campeón del mundo y puede ser más bien ganar un partido o hacer un gol, ¿qué le da a un pueblo?

Conviene escuchar lo que voy a decir con una cierta distensión. Con el paso del tiempo, el partido que Argentina le ganó a Inglaterra en el Mundial del 86 ha alcanzado una dimensión muy superior a la final de la Copa del Mundo. Se volvió absolutamente mítico y ha llegado a tener un extraordinario valor simbólico. Pongámosle cifra: la camiseta con la que Maradona jugó frente a Inglaterra fue comprada en una subasta por ocho millones de dólares. La camiseta que Maradona usó en la final se compró también en una subasta por trescientos mil dólares o una cosa así. Fíjate que estamos comparando la final y un partido de cuartos de final.

Pero con dos goles históricos.

Dos goles históricos, pero algo más. Fue la venganza de la guerra de las Malvinas. Por eso digo que esta opinión hay que entenderla en su justa dimensión. ¿Cómo va a pesar tanto un partido como una guerra? En términos simbólicos, sí. Para Argentina hubiera sido insoportable perder ese partido frente a Inglaterra. De hecho, la dimensión que el partido tenía para nosotros no fue la misma........

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