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Estadística y poesía

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23.02.2026

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Hace poco coincidí en un avión con el poeta David Huerta. Entre la variada clientela que volaba a Guadalajara, él se distinguía por una gorra azul que le sentaba de maravilla y lo inscribía en la tradición de los poetas náuticos (Neruda, Mutis, Rojas, Barral, Alberti, entre muchos otros). Me pregunté qué pasaría si yo me pusiera la misma gorra: parecería un inspector de boletos. Los ciudadanos comunes usan gorras por frío, exigencia militar o quimioterapia. Los poetas son únicos. Capitanes de altura sin tripulación alguna, demuestran, como Paul Éluard, que “el mundo es azul como una naranja”.     Esto viene a cuento porque en febrero la edición mexicana de Letras Libres decidió modificar la idea que tenemos de los poetas para convertirlos en sujetos populares. Nuestra redacción invitó al pueblo provisto de Internet a escoger a los diez mejores poetas del país. A las muchas cosas que agradezco a esta revista se agrega la de brindarme el tema de un artículo y permitirme ejercer los favores de la discrepancia.     Debo decir de entrada que la búsqueda de un top-ten poético me parece menos dañino que el maíz transgénico que determina nuestra dieta. Estamos ante un problema pequeño que sin embargo suscita reflexiones. La más significativa es: ¿tiene sentido calcular la popularidad de la poesía? ¿Vale la pena someter a los poetas a un criterio similar al de Gran Hermano? La confusión sería menos aguda si Letras Libres hubiera anunciado a los poetas preferidos de los lectores........

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