Monarquía parlamentaria y simulación
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Antonio López entregó el cuadro de la familia del rey Juan Carlos meses después de que este abdicara, al comienzo del verano de 2014. La obra se inició en 1994 y sufrió algunas modificaciones importantes. Para empezar, ya no podía llamarse Retrato de la familia real, porque tras la sucesión y proclamación de Felipe VI la familia real era otra. Pero el verdadero problema no era nominal: la infanta Cristina pasó de estar situada al lado de su hermano a un lugar más distante, más a la izquierda de la escenografía. El ya monarca Felipe VI, además, fue desplazado, con las manos entrelazadas, hacia doña Sofía. El pintor manchego, quizá precipitadamente, decidió así reflejar más claramente la situación de una familia destruida por el encadenamiento de unos escándalos que estaban afectando a las relaciones más personales e íntimas de sus miembros.
Las definiciones del arte hiperrealista casi siempre aluden al término simulación. Pero es importante tener en cuenta que dicha corriente nace, precisamente, para superar las insuficiencias de la fotografía para reflejar la realidad y volver a dar protagonismo al espectador y al propio artista. Porque al igual que el mapa de los cartógrafos del famoso cuento de Borges (“Del rigor en la ciencia”), que terminaba superponiéndose al territorio que trataba de referenciar, una obra hiperrealista permite simular con gran precisión escenas más o menos banales de la vida, pero introduciendo la perspectiva, en este caso, del propio pintor. El cuadro de Antonio López, encargado por Patrimonio Nacional por la cifra de trescientos mil euros, se encuentra expuesto al público en la sala de Alabarderos del Palacio Real, uno de los salones públicos donde se instala el belén napolitano de Navidad. Allí los ciudadanos pueden contemplar un trozo de los felices años noventa en los que la Corona gozaba del favor político y mediático.
La simulación es la culminación del concepto de simulacro. El simulacro fue desarrollado por Jean Baudrillard a finales de los setenta para tratar de superar las insuficiencias de unas categorías marxistas que, sin negar la existencia de la realidad, abordaban el tema de la falsa conciencia: alienación, cosificación y reificación. Cómo olvidar al aristócrata del espíritu –un albatros, le llamaba Hermann Heller– George Lukács. El caso es que en La agonía del poder (Círculo de Bellas Artes, 2021), el filósofo francés va más allá del simulacro y plantea cómo la dominación tradicional ha sido reemplazada por una hegemonía sistémica en la que la especulación sustituye al valor económico, la demoscopia a la representación política y la realidad virtual de las redes a la información. La simulación, por lo tanto, sería una especie de tertium genus entre lo real y lo falso, una situación novedosa en la que el mundo es creado artificialmente.
Aunque se ignore, la simulación es una noción con más raigambre en el derecho que en la política. En el marco del derecho privado, del negocio entre particulares, ha sido habitual hablar de simulación relativa y absoluta. En la simulación relativa las partes dejan entrever una apariencia externa distinta al contrato o negocio jurídico que efectivamente realizan. Un ejemplo sería fingir haber realizado una compraventa cuando realmente se efectuó una donación. En la........
