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Pensar los negocios desde el opti-pesimismo

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21.01.2026

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En México solemos asociar el pesimismo con derrota. Decir que algo puede salir mal se interpreta como falta de compromiso, ausencia de visión o, peor aún, como una coartada para no actuar. En el mundo empresarial, esta aversión cultural al pesimismo ha tenido consecuencias visibles: planes estratégicos construidos sobre supuestos frágiles, cronogramas irreales, inversiones que ignoran riesgos evidentes y narrativas de éxito que se derrumban al primer choque con la realidad.

Sin embargo, el país que se perfila hacia 2026 no admite ya ese tipo de ingenuidad. La desaceleración económica, la incertidumbre regulatoria, los problemas de seguridad, la relación compleja con Estados Unidos y la revisión del T-MEC configuran un entorno donde la pregunta no es si algo saldrá mal, sino qué saldrá mal, cuándo y con qué impacto. En este contexto, el pesimismo deja de ser un vicio y se convierte en una herramienta de pensamiento.

Una de las formulaciones más interesantes y recientes de esta idea proviene, paradójicamente, de un ámbito ajeno a los negocios tradicionales: la industria de los videojuegos. En el libro The game development strategy guide: Crafting modern video games that thrive, la estratega de diseño Cheryl Platz propone un marco conceptual que denomina opti-pesimismo: una combinación deliberada de optimismo y pesimismo aplicada a distintos niveles de toma de decisiones. Aunque el libro está dirigido a diseñadores y desarrolladores de videojuegos, su utilidad para pensar los negocios –y en particular los negocios en México– es sorprendentemente directa.

Durante años, el discurso empresarial en México ha oscilado entre dos extremos igualmente problemáticos. Por un lado, el optimismo aspiracional: planes de crecimiento que suponen estabilidad política, reglas claras, infraestructura suficiente y una ejecución impecable. Por otro, el pesimismo defensivo: congelar decisiones, posponer inversiones, “esperar a ver qué pasa” hasta que el entorno se aclare. Algo que rara vez ocurre.

El “opti-pesimismo” ofrece una tercera vía. No se trata de ser........

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