La rebelión de la alta agencia
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Muchas empresas mexicanas creen que su principal problema es la incertidumbre. Pero quizá el verdadero problema sea más profundo y silencioso: la pérdida gradual de agencia. La palabra suena académica pero describe algo profundamente práctico: significa la capacidad de actuar sobre la realidad en vez de simplemente reaccionar frente a ella.
En una organización, una cultura de alta agencia es aquella donde las personas todavía creen que sus decisiones, iniciativas y esfuerzos pueden cambiar resultados. Y eso se está convirtiendo en uno de los activos más valiosos del siglo XXI.
El cansancio invisible de las organizaciones
Algo importante está ocurriendo dentro de muchas organizaciones del mundo: una especie de fatiga psicológica del talento. La inteligencia artificial transforma industrias completas. La geopolítica altera inversiones y cadenas de suministro. Los mercados se vuelven más impredecibles. La regulación cambia constantemente. La presión competitiva se acelera. Y frente a ese entorno, muchas empresas responden de la peor manera posible: multiplicando burocracia, controles, procesos, autorizaciones y miedo al error.
La paradoja es evidente. Mientras el entorno exige velocidad, adaptación y aprendizaje continuo, muchas organizaciones se vuelven más lentas, rígidas y defensivas. Pero las compañías más exitosas del mundo están haciendo exactamente lo contrario. Están construyendo “culturas de alta agencia”.
Un extraordinario artículo reciente de Nir Eyal en la Harvard Business Review explica con enorme claridad este fenómeno. Su argumento central es que las organizaciones más efectivas no son necesariamente las que tienen más recursos, sino aquellas capaces de construir sistemas culturales donde las personas sienten que todavía vale la pena actuar.
Parece una idea sencilla. No lo es, porque en muchas organizaciones modernas sucede exactamente lo contrario. Después de años de reestructuras, incertidumbre, liderazgo errático o burocracia excesiva, las personas comienzan a protegerse. Dejan de tomar riesgos. Ocultan problemas. Evitan decisiones difíciles. Aprenden que moverse demasiado puede ser peligroso. La organización sigue funcionando. Pero deja de avanzar.
Cuando las empresas dejan de creer en sí mismas
Larry Culp entendió perfectamente este problema cuando llegó a General Electric en 2018, en medio de una de las peores crisis corporativas de la historia reciente. GE había perdido valor, arrastraba una deuda gigantesca y Wall Street la veía como símbolo de decadencia empresarial. Muchos creían que el problema era financiero. Culp entendió que el problema era........
