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Renacimiento sangriento: la cara menos amable de la creatividad

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23.09.2026

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Una mirada captura la nuestra en la sala 041 del Museo del Prado. Desde ella, inmortalizada por Tiziano, Federico Gonzaga, primer duque de Mantua, parece interrogar al tiempo. ¿Qué fue ese periodo que conocemos como Renacimiento italiano? ¿Cómo pudo surgir una época rica de experiencias artísticas y culturales en una tierra desolada por la guerra?

Para cuando Carlos V otorgó el título ducal a Federico (1530), ese mundo renacentista se había casi agotado: de hecho, la Italia de las artes iniciaba su singladura por esa mar que los académicos definen como Manierismo, una etiqueta inventada por estos (tan resabidos y resabiados), para subrayar, precisamente, la extinción de la fuerza creadora precedente, su agostamiento por imitación.

Dejemos de lado este tipo de debates y volvamos a los Gonzaga, de los que Federico era entonces último vástago. Esa estirpe gobernaba Mantua desde principios del siglo XIV: su parábola histórica, hecha de relaciones políticas y de ambiciones culturales, da la atmósfera de aquel momento. En esa correlación política-cultura está una de las claves para interpretar su tiempo. La pequeña ciudad lombarda era uno entre los muchos estados que llenan de color los atlas históricos de la Italia medieval. Caracterizada por una competición política salvaje, el centro-norte de la península inició en ese mismo siglo un periodo de guerra permanente: dentro y fuera de sus ciudades principales las conquistas se sucedían a los golpes de estado. De esta brutal manera fue poco a poco resultando (a un precio humano y económico altísimo) un........

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