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La gentrificación de la nostalgia

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30.04.2026

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Amplificada de manera delirante por las redes sociales, la ansiedad generada por el “miedo a perderse algo”, denominada popularmente como FOMO (fear of missing out), se ha convertido en un fenómeno omnipresente en nuestras vidas. Es la frustración que sentimos al ver en Instagram las imágenes de la fiesta a la que no llegamos, el viaje que no hicimos, o el festival para el que no alcanzamos boletos. Más que un lamento por perderse un evento específico, el FOMO expresa el terror a no ser parte de la conversación, a no pertenecer, a quedar fuera.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el temor no radica en perderse una fiesta, sino en dejar pasar la última oportunidad para ver en vivo a una leyenda a punto de extinguirse?

¡Bienvenidos al Legacy FOMO! El impulso que lleva a alguien que nunca escuchó un disco completo de AC/DC a pagar cifras absurdas por un boleto, o la ansiedad que convierte cada gira “de despedida” en un ritual de urgencia. Un fenómeno que, en su fase más moderna y perturbadora, deriva en el reemplazo del ídolo por su versión digital.

Mauricio González Lara (MGL): Cuando me llamaste para hablar sobre la disposición cada vez más delirante de hacer lo que sea por ver en concierto a artistas legendarios al borde del crepúsculo, utilizaste un término que me pareció genial: Legacy FOMO. Dado que no lo he visto en ningún otro lado, asumo que lo acuñaste. ¡Chapeau!

Grégory Escobar (GE): No sé si lo acuñé, pero puedo explicarte cómo llegué a él. Fue a raíz de AC/DC. Un amigo me dijo que quería ir a los conciertos celebrados recientemente en la Ciudad de México y yo, con toda la condescendencia del mundo, le respondí lo que cualquier purista habría respondido: “Ya están viejos, solo queda uno de los originales, Brian no tiene voz. Vas a ver un espectro de lo que era esa banda”. A lo que me contestó: “Oye, pero es que yo nunca los he visto”. Eso fue todo. Increíblemente, en mi mente, esos remedos espectrales se transformaron de manera instantánea en leyendas incuestionables. Le dije: “¡Ah no, claro! Tienes que ir. Si nunca los has visto, debes ir, así no estén todos”. Yo los había visto en 2009, en la gira de promoción del disco Black Ice, cuando todavía estaban Malcolm, Cliff y Phil. La banda no era la de los ochenta, pero seguía siendo formidable (quizás alguien que los vio en 1979, con Bon Scott, pensaría lo contrario). Desde esa posición privilegiada, me resultó fácil desdeñar lo que es ahora. Mi valoración cambió por completo por el simple hecho de que alguien no la hubiera visto nunca, sin importar cuán reducida estuviera en calidad. Y pensé: este miedo a dejar pasar la última oportunidad de admirar a una leyenda es una especie de FOMO, ¡un Legacy FOMO!

MGL: Aunque respeto ese sentimiento, me produce escozor cuando la gente te quiere vender algo que no es. Me parece que algo de eso pasó con esta gira de AC/DC. En paralelo a los múltiples videos en redes sociales que exhibían en pésima forma a Angus Young, existía toda una máquina mercadotécnica, alimentada por los fans más recalcitrantes, que lo señalaba como ejemplo de eternidad. “Sigue tocando como los dioses”, decían. Mmmh, ¿en serio?

GE: Angus toca con solvencia y todavía se lanza su solo de 20 minutos, pero no creo que el debate vaya por esa ruta. Ahí lo que opera no es la admiración por la destreza musical, sino la nostalgia. Y a veces ni siquiera nostalgia, sino una extraña forma de branding, la lealtad por una marca. Por ejemplo, bandas como Foreigner y Lynyrd Skynyrd. No queda ni un solo miembro fundador, pero la gente sigue yendo a los recitales a gritar “¡Free Bird!”.

MGL: Eso es típico de las bandas chambonas de segundo o tercer nivel, como Kansas o Journey, pero con las de popularidad icónica sucede otro fenómeno: la gentrificación de la nostalgia. Sea Oasis, Metallica, Roger Waters o The Eagles, para asistir a conciertos de un artista “legendario” debes ser millonario o prácticamente vender un riñón. Ir a un buen asiento de estos conciertos se ha convertido en un símbolo de estatus. Y estas figuras van por todo el dinero. No tienen empacho en........

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