menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La verdadera lacaya del imperio

9 0
16.01.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Contraseña

Recuérdame

“Happy New year”, saludó el dictador venezolano Nicolás Maduro al personal de la cárcel del Centro Metropolitano de Detención en Brooklyn, Nueva York.

Qué hombre tan amable, si se toma en cuenta que su gobierno tiene el mayor número de prisioneros políticos del hemisferio occidental y está acusado de crímenes de lesa humanidad. ¿Cómo se sintió el todopoderoso, ahora reducido a un preso por delitos comunes, junto a Cilia Flores, madre, tía y esposa de malandros, y ella misma una malandra que perdió todo el poder que tuvo una vez que su marido se convirtió en dictador? Flores fue presidenta de la Asamblea Nacional, nada menos, además de ocupar un alto cargo en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Acostumbrada a insultar, humillar y ejercer su influencia, Flores quedó reducida a la sombra del marido, un militante de izquierda que pasó del sindicalismo del Metro de Caracas a los más altos cargos dentro de la llamada Revolución Bolivariana. Así paga la revolución a las mujeres.

Pero este detalle es lo de menos, eclipsado por la posibilidad de que la limpia extracción de la pareja dictatorial, apenas obstaculizada por guardias cubanos que murieron tratando de protegerla, sea la prueba de una traición dentro de las filas revolucionarias. El hijo, Nicolás Maduro Guerra, lanzó un audio dramático –con ese tono heredado de la épica revolucionaria del siglo XX– en el que proclamaba que la historia pondría en claro la verdad sobre el “secuestro” de su padre.

Hasta ahora se reconocen........

© Letras Libres