Metinides: el asombro ante la muerte
Nombre de usuario o dirección de correo
Contraseña
Recuérdame
En una escena del documental de Trisha Ziff El hombre que vio demasiado
{{ Desafortunadamente el documental no está disponible en ninguna plataforma de streaming. Se puede ver en baja calidad en YouTube.}}
(2015), un hombre pálido, bajito y con expresión de asombro afirma que “para tomar estas fotografías hay que ser muy especial”. Se refiere a las fotos de nota roja que han aparecido a lo largo de la película; en el contexto de esa escena, a las que muestran decenas de muertos como saldo de un derrumbe, una explosión, una volcadura o el desplome de un avión. El desapego de su declaración es fascinante. Parecería que la hace alguien ajeno a esa profesión y sin el “carácter” necesario para pasar varias horas al día fotografiando cadáveres. Sin embargo, el hombre se está refiriendo a su propio trabajo. Se trata de Enrique Metinides, el fotógrafo de nota roja más reconocido de México, quien murió el pasado 10 de mayo a los 88 años de edad.
Metinides es célebre porque sus fotos ostentan el estatus de obra: han sido exhibidas en galerías alrededor del mundo y publicadas en libros cuidadosamente curados. Coleccionistas, críticos y admiradores alaban su composición inesperada, sus cualidades cinematográficas y otros elementos estéticos que parecería inapropiado aplicar a imágenes reales de quienes perdieron la vida en circunstancias horrendas. Quienes hablan de Metinides procuran no llamarlo “artista” o se esfuerzan en aclarar que sus fotos pueden o no ser vistas desde esa óptica –depende de cada quien–. Este titubeo quizá proviene del temor a ser considerado indiferente a la tragedia o a un pudor ético comprensible. Sin embargo, son imágenes bellas. Es casi inútil convencerse a uno mismo de que no lo son.
Tener que elegir entre apreciar las fotografías de Metinides o ser empático con los fotografiados es un falso dilema que desaparece cuando uno distingue entre el sobrecogimiento y el morbo. El primero es un tipo de asombro que genera emociones; lo segundo es curiosidad distanciada ante el espectáculo del dolor. Las imágenes de Metinides sobrecogen, no producen placer. Para justificar la atracción que ejercen sus fotografías se ha dicho, entre otras cosas, que no son perturbadoras –como si esto fuera sinónimo de “buen gusto” (y ello, a su vez, explicara por qué se exhiben en una galería)–. No concuerdo con esa supuesta defensa. Las imágenes de Metinides son claramente perturbadoras y es justo eso lo que las acerca al arte. No al arte decorativo, sino........
