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El perro azul

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18.12.2025

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Les daba miedo dejar la estufa prendida durante toda la noche, así que la casa siempre estaba helada cuando se despertaban. Lo primero que Juan Carlos hacía, tiritando y todavía medio desnudo, era volver a encenderla. Después se cambiaba en silencio, sentado en el borde del colchón. Entornaba la puerta y salía del dormitorio en puntas de pie para no molestar a Nilda, que dormía.

En la cocina había una mesa de formica gris, seis sillas de caño y una ventana cubierta por cortinas a cuadros blancos y amarillos. La ventana daba a un pasillo lateral tan estrecho que solo permitía el paso de un hombre y una bicicleta. Si se descorrían las cortinas, lo único que podía verse era el salpicré blanqueado del tapial alto que cercaba la casa y delimitaba el pasillo.

Juan Carlos puso la pava en el fuego y prendió la radio. Entreabrió la puerta del patio. Afuera estaba frío y oscuro. Las macetas cubiertas con lonas y papeles de diario apenas se distinguían junto a las paredes. Sobre las baldosas de cemento se oyeron las pisadas de la perra, que corría hacia la cocina.

Debés estar congelada, dijo Juan Carlos y la dejó pasar. La perra movió la cola y dio dos vueltas alrededor de sus zapatos. Tenía manchas blancas y negras y el pelo brillante. Nilda la había encontrado una mañana, medio muerta de hambre, frente al almacén. Se llamaba Pitufina.

Vení, entrá, sentate a lado de la estufa, le dijo Juan Carlos. Después subió el volumen de la radio. Un locutor informaba sobre el estado del tráfico en Buenos Aires. Había un par de puentes cortados; uno de ellos, por un accidente. Juan Carlos se agachó junto a la estufa y controló la llama azul que latía adentro.

En cinco minutos se va a poner calentito, dijo y la perra se frotó contra sus piernas.

Cuando terminó el informe del tránsito, dos locutores dieron las primeras noticias del día. Eran las seis y diez de la mañana. Juan Carlos calentó leche en el hervidor y se preparó el desayuno con café instantáneo. De la alacena sacó un paquete de galletitas y comió algunas. Mientras tanto, los dos locutores comentaron una noticia extraña: en un pueblo cerca de Santa Fe, una perra había parido un cachorrito de color azul. El resto de la camada tenía pelajes normales, pero el último en ser expulsado era notablemente azul. El locutor informó que se encontraban en comunicación directa con la dueña de la perra y comenzó a hacerle preguntas.

Es una perrita común y corriente, decía la voz de mujer, que sonaba metálica por la transmisión. La trajo mi hijo un día, hará tres o cuatro años. Nosotros pensábamos que no podía quedar preñada, porque........

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