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La probabilidad del apocalipsis

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29.07.2026

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La historia está llena de noches en las que la humanidad creyó que no habría mañana. La peste negra vació ciudades enteras; las guerras mundiales industrializaron la muerte; durante la Guerra fría, la amenaza de un invierno nuclear dependió un botón; la pandemia de covid-19 nos recordó que un virus puede detener el planeta. Sin embargo, el mundo continuó –herido, transformado, a veces irreconocible–, porque el apocalipsis suele llegar menos como un punto final que como una mutación brutal de la vida cotidiana. Hasta ahora, al menos, el día siguiente siempre ha terminado por llegar.

Recientemente, Elon Musk le dijo a la directora de la prestigiosa The Economist que calculaba en 20% la probabilidad de que la inteligencia artificial acabara con la humanidad, levantando un enorme revuelo. Un riesgo de 20% es aún mayor que el de jugar a la ruleta rusa. Por más inteligente e informado que sea, resulta imposible saber de qué modelo, evidencia o hipótesis científica obtuvo una cifra tan precisa para un acontecimiento que jamás ha ocurrido. La verdadera incógnita, sin embargo, es qué pretende Musk al anunciar el riesgo y, al mismo tiempo, acelerar la carrera que podría materializarlo: ¿advertir al mundo, o convencernos de que únicamente quienes construyen “el peligro” pueden mantenerlo bajo control?

El temor a la inteligencia artificial se parece menos, por ejemplo, al provocado por el calentamiento global. En el segundo caso, conocemos la amenaza, sus causas y buena parte de sus consecuencias: podemos medir la concentración de carbono, calcular el aumento de la temperatura y proyectar el ascenso del nivel del mar. Con la inteligencia artificial, en cambio, ni siquiera existe consenso sobre a qué debemos temer. ¿Una máquina que desobedezca? ¿Un sistema obediente utilizado por una persona equivocada? ¿Una inteligencia que cumpla nuestras instrucciones, pero de una manera que jamás........

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