menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El jefe invisible

20 0
20.05.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Imagine, querido lector, que una tarde lluviosa de sábado decide no entrar al Starbucks. En vez de darle su dinero a una gran cadena, piensa usted, cruza la calle y se sienta en una cafetería de barrio: un local coqueto, con pocas mesas, luz cálida, pan recién horneado y esa promesa casi sentimental de apoyar al pequeño emprendedor. Pide un café, quizá un panecito caliente, y mientras espera siente que ha tomado una decisión correcta: apoyar a un negocio pequeño, conversar con alguien que todavía le habla sin prisa, escapar por unos minutos de la lógica impersonal de las grandes corporaciones.

El barista lo atiende con amabilidad, la música suena menos prefabricada que una playlist de esas que se repiten hasta el infinito, la taza llega a la mesa con una espuma bien hecha y un tenue aroma a canela. Todo parece humano, cercano, artesanal. Hasta que uno descubre que, detrás de esa escena familiar, quien administra la cafetería no es una persona, sino una agente de inteligencia artificial. Todavía faltan bastantes lustros para que algo así suceda, pensará usted ingenuamente.

No. Ya existe. La cafetería se llama Andon Café y abrió en Estocolmo bajo una premisa tan sencilla como perturbadora: los baristas son humanos, los clientes son humanos, el café es real, los panes salen calientes, pero el gerente no es humano. Se llama Mona y es una agente de IA creada por Andon Labs, una startup de San Francisco que decidió entregar la administración de un pequeño negocio físico a un sistema algorítmico.

Mona no sirve café ni limpia mesas, pero hace algo más importante: administra. Consiguió permisos para operar, diseñó el menú, buscó proveedores, publicó vacantes, entrevistó candidatos, contrató baristas, gestiona inventarios y responde consultas sobre el negocio. La escena es tan extraña porque no parece extraña. No hay robots caminando entre las mesas ni una estética de nave espacial. Hay una cafetería funcionando con normalidad, salvo por un detalle: la autoridad administrativa ya no es humana.

Sería fácil leer la historia de Mona como una rareza escandinava, una extravagancia tecnológica para atraer curiosos y vender más cafés. Pero quizá convenga verla como una postal anticipada de una transformación que ya empezó a inquietar a las cúpulas empresariales. Una encuesta global titulada Global AI Confessions: CEO edition 2026 –una suerte de confesionario corporativo en el que 900 CEO de grandes compañías admiten sus miedos, presiones y contradicciones frente a la inteligencia artificial– resume así el cambio de época: en 2025, los CEO temían quedarse atrás en la carrera por adoptar inteligencia artificial. En 2026, temen algo más delicado: que los hagan responsables si esa tecnología no produce resultados medibles, no mejora la productividad, no aumenta los ingresos o termina provocando una crisis dentro de la empresa.

La inteligencia artificial ya no aparece como una promesa de innovación, sino como un mandato de desempeño. Está incrustada en decisiones, vinculada a expectativas de negocio, vigilada por consejos de........

© Letras Libres