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El Salón de Gascón: Pensiones, vivienda e inmigración, con Estefanía Molina

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17.06.2026

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Estefanía Molina charla con Daniel Gascón sobre por qué el ideal aspiracional que definió a la clase media en España ha dejado de funcionar, qué tiene que ver eso con el estancamiento de los salarios, la burbuja del alquiler y el gasto en pensiones, y qué ocurre con la democracia cuando la gente deja de creer que el sistema puede mejorar su vida.

Estefanía Molina es politóloga y periodista por la Universidad Pompeu Fabra. Cronista parlamentaria y columnista en El País, colabora también en la Cadena SER, Telecinco, TV3 y Canal 24h. Es autora de El berrinche político (2021) y Los hijos de los boomers (2026).

Aquí en YouTube, Spotify e Ivoox.

Aquí una transcripción editada.

DANIEL GASCÓN: Hola, muy buenas. Bienvenidos al salón de Gascón en Letras Libres España. Estoy muy contento de hablar hoy con Estefanía Molina, que es politóloga, periodista y analista en muchos medios, columnista en El País. Hola, muy buenas.

ESTEFANÍA MOLINA: Muy buenos días, Daniel. Estoy también muy contenta de estar aquí porque eres compañero mío, también te leo mucho y te admiro.

DANIEL GASCÓN: Vamos a hablar de tu libro más reciente, que es Los hijos de los boomers, que habla de uno de los grandes asuntos de Occidente y en concreto de España, que es la fractura generacional, la brecha generacional. Y también una idea con la que arrancas, que podría ser como el fin de la clase media.

ESTEFANÍA MOLINA: Sí, exactamente. Digamos que al final los libros a menudo nacen de una obsesión personal, porque es mucho trabajo, como bien sabes. Yo quería reflejar por qué sentía que me había criado en un ideal aspiracional de que si te esfuerzas eso tiene que llevarte a algún lado. Y por esfuerzo nuestra generación ha entendido mucho ir a la universidad. Muchos de nuestros padres no pudieron, otros sí, pero somos ya las generaciones más implantadas en los estudios superiores. Y mucha gente que había hecho todo lo que de ella se esperaba, gente que está a mi alrededor, son amigos, son conocidos, no estaba obteniendo ese resultado que vemos en la vivienda, que vemos en los salarios. Quería hablar mucho de eso, de por qué cuando hablamos de la juventud no solo es la juventud, sino la cara de la clase media del futuro en España, que ya es presente y está muy deslizada hacia abajo. Como aquel ideal aspiracional en el que me criaron mis padres baby boomers ya no se estaba cumpliendo. Se ha esforzado, tiene un trabajo, tiene estudios, tiene idiomas, pero esa persona no está pudiendo llevar la vida esperada. Y a partir de ahí, si quieres, podemos definir qué es clase media, pero esa era un poco la fijación, también muy a partir de una historia personal. Mi familia es una familia humilde que ha creído mucho en el ascensor social, y mediante las tres generaciones, abuelos, padres y la mía y mi hermana, de algún modo sí hemos ido a mejor, hemos ascendido de clase. Pero eso ya creo que se ha gripado en nuestro país, y era lo que quería de alguna forma genuina y muy personal reflejar.

DANIEL GASCÓN: Has dicho “si quieres ahora definimos clase media”, pues define clase media.

ESTEFANÍA MOLINA: Claro. Cuando entramos en el debate de qué es la clase media, cuando saqué el libro, la gente dice: “Bueno, pero esto que estás diciendo ya es más viejo que el hilo negro, esto se viene diciendo desde hace un montón de generaciones.” Sí y no. Porque esta idea de qué es la clase media, por supuesto hay gente que no lo es y se siente que sí, y gente que se siente que no lo es y sí lo es, pero creo que al final es algo muy intuitivo, no hace falta un baremo de renta porque eso también es un poco engañoso. Creo que la clase media se definía por unos pocos elementos que se resumen en tres. El primero, la sensación de que tu esfuerzo, tus estudios, te van a llevar a un estadio mejor en la vida. El segundo, que esa vida que vas a llevar te permite realizar algún tipo de proyecto personal: vivir solo, tener un piso en propiedad, formar una familia, un proyecto que te realiza a nivel personal sin grandes estridencias. Clase media obviamente no es querer ser Steve Jobs, ya nos entendemos. Y luego también un sentido de ideal aspiracional, de trascendencia: que cada vez puedes ir a más mediante esa senda de esfuerzo, o que tu legado, tus hijos, también van a ir a mejor. Creo que la clase media sobre todo tiene un componente muy aspiracional, porque también está muy discutido esto de clase obrera. El concepto clase obrera te pega mucho a una clase, pero la clase media tiene esa idea de la trascendencia, de la aspiración de ir a más. Y eso ha reventado en nuestro país. Hoy gente que tiene lo que se espera, como digo, no llega. Esa idea aspiracional de que si me esfuerzo más voy a ir a más tampoco se cumple. Y esa idea de un mañana mejor también se ha ido resquebrajando. Por tanto, creo que todos esos elementos nos hablan de que la clase media se ha ido hundiendo en este país. Si vamos a los datos, en dos y tres décadas en España los salarios en proporción a la inflación están estancados. Hemos tenido momentos de inflación, momentos de crisis y de austeridad, pero en dos o tres décadas el común está prácticamente igual que estaba. Eso también nos habla de ese motor gripado.

DANIEL GASCÓN: Y si tuviéramos varios factores en eso: has hablado del estancamiento de los salarios, y entonces hay gente que piensa “yo no voy a poder ser clase media, no voy a poder llegar a eso.” También el miedo de otros, porque es una clase media reciente y frágil, parece que no hay mucho patrimonio al que puedas agarrarte, y entonces dices: en cualquier momento puedes descender. Eso creo que también genera una cierta ansiedad muy comprensible.

ESTEFANÍA MOLINA: Sí. Al final el libro, como bien dices, lo que busca es explicar por qué tenemos jóvenes hoy que han asumido que no van a lograr eso, y que se están, entre comillas, radicalizando o votando opciones antisistema. Esto no es la primera vez que ocurre en España: ya en el 15M creo que fue la primera generación que dijo que no iban a vivir mejor que sus padres. Y ahora, 15 años después, vemos que ese resurgir se da, pero no desde el lado de una izquierda populista, sino desde el lado a lo mejor de una derecha populista, de una ultraderecha, una derecha reaccionaria, como cada uno la quiera etiquetar, porque siempre en una familia metemos tantas derechas, pero cada una tiene sus particularidades. Esa protesta está hoy en el lado de la derecha. Y como bien dices, una de mis fijaciones es explicar que si hoy el problema no es tan evidente es fruto de que todavía hay unos padres que están tapando esas carencias de sus hijos: la generación del baby boom, que pudo llegar a ser clase media. Obviamente no todo el mundo, pero en términos generales en mucha mayor proporción que los jóvenes actuales. Son esos padres los que todavía están tapando esas carencias, lo cual hace que la foto que recibe la gente no sea tan descarnada. Hoy los padres pagan facturas, como pongo datos en el libro, les dan la entrada de un piso, les van a legar a lo mejor un piso. Eso va a hacer que de algún modo se maquille. Cuando digo que el estado del bienestar son los padres es porque todavía no vemos esa pobreza tan descarnada porque la generación del baby boom le está cubriendo las carencias a sus hijos.

DANIEL GASCÓN: Incluso hay un momento en que dices que veremos que es una ventaja tener pocos hermanos.

ESTEFANÍA MOLINA: Sí, exactamente. Porque al final, si la herencia, y esto creo que golpea fuerte, si la herencia es lo que va a cambiar tu vida, vamos a un sistema completamente injusto y desigual, que creo que no era el modelo que se quiso proyectar en el siglo XX mediante el estado del bienestar. El objetivo del estado del bienestar al final es que, nazcas en la familia que nazcas, tengas unas oportunidades que te permitan progresar. La idea de que lo que te va a permitir progresar es la herencia es muy descarnada, es previa a la eclosión del estado del bienestar en Europa. Y lo vemos hoy: el joven que pueda heredar un dinero para la entrada de un piso, o cuyos padres le ayuden a llegar a final de mes, tiene una vida muy distinta a otro que no vaya a recibir nada de eso. Entonces, al final dices: bueno, pues mejor no tener hermanos, te llevas tú todo el pastel.

DANIEL GASCÓN: Hace poco entrevistamos aquí a Félix Ovejero, y decía que la idea básica de la izquierda es reducir las desigualdades de partida. Y aquí es como que estamos aceptando una desigualdad muy grande, que como padre o como hijo claro que entiendes esa transmisión, pero dices: si eso es la única esperanza de mantenerte socialmente, es un problema.

ESTEFANÍA MOLINA: Efectivamente. Porque cuando hablamos de que creo que el estado del bienestar nunca había estado tan tambaleándose como ahora, un elemento es el ascensor social, como dice Ovejero. Pongo datos en el libro de que antes la educación tenía un impacto en tu capacidad de ascender de clase. Hoy vemos que eso también se ha gripado: el salario que cobra hoy una persona está muy condicionado por el entorno socioeconómico de sus padres, por su origen. Y la gente dice: “¿Cómo que antes había más ascensor social que ahora?” Pues los datos así lo demuestran, porque hoy vemos que hay gente titulada que no tiene una mejor posición que unos padres que a lo mejor no lo eran. Eso es un elemento: cuando hablamos de la izquierda, esas condiciones de mejorar tu posición de partida ya empiezan a tambalearse.

Y luego, lo explico en el libro, creo que la izquierda ha mutado. Esta es una de mis grandes batallas cuando explico el libro, porque creo que no se quiere reconocer que antes teníamos una izquierda, sobre todo en España, muy vinculada al ideal socialdemócrata, que es dar oportunidades para emanciparte de tu condición de partida: la liberación del individuo a través de las oportunidades, educación, sanidad pública. Hoy tenemos una izquierda que se ha resignado. Yo la sitúo post 15M, a raíz del surgimiento de Podemos, y creo que el PSOE también ha bebido de eso: lo que se busca es, como mínimo, que la gente no caiga en la pobreza, pondremos un salario mínimo, un ingreso mínimo vital para quien lo necesite, pero esa misma izquierda ya no te está dando la oportunidad de soñar con el regreso de la clase media y de un mañana mejor. Hoy lo único que te garantizan es que no vas a estar como en los tiempos de austeridad, desahucios, despidos: como mínimo habrá un colchoncito, un escudo social, unos mínimos salariales. Pero hay una escasa diferencia entre, por ejemplo, el que cobra el salario mínimo y el salario más común, porque cada vez más el salario mínimo es el más común.

Una de mis críticas, porque esto al final es un alegato de mi libro, es recuperar ese ideal socialdemócrata que en mí ha funcionado a través del estado del bienestar. Creo que ni siquiera hoy hay medidas en el debate público por parte de la izquierda que defiendan ese ideal. Hoy tenemos una izquierda muy asistencialista, que no te está invitando a soñar con un mañana mejor, te está invitando a aceptar que como mínimo no vas a ir más abajo. ¿Y qué ocurre en toda sociedad? La gente busca siempre esa ilusión de un mañana mejor, porque si no, no habría protestas en países como Irán. La gente no saldría a protestar si no soñara con un mañana mejor, con el coste que se asume en un país así, en una teocracia de esas características. Pero ese ideal aspiracional, la izquierda dice “¿y por qué se está yendo al sueño liberal?” Porque todavía la gente en el ideal liberal puede soñar con un mañana mejor. Cuando yo digo que hoy el streamer ha ido a Andorra, es una especie de ideal escapista, es eso: si no te puedes realizar en este sistema, el sueño de realización se traslada a otros lugares. El que le da la patada al sistema, el free rider, el listo, el que huyó del sistema. Otros piensan: bueno, a lo mejor el bienestar está en el pasado, el ideal reaccionario. Pero la gente siempre busca ese ideal que hoy la izquierda no está sabiendo ofrecer.

DANIEL GASCÓN: Otra de las cuestiones muy centrales del libro es la pregunta de si el sistema está amañado contra los jóvenes en España.

ESTEFANÍA MOLINA: Claro, el libro tiene muchas miradas, y una es la brecha generacional. Esta es la más incómoda de explicar, pero creo que es lo más genuino del libro. Creo que hoy el sistema está diseñado para la generación del baby boom por un motivo de votos que es muy evidente: es la generación mayoritaria de voto, y eso se ve cuando el arma arrojadiza en el bipartidismo es “no me apoyas esto, que son pensiones, pues ya lo sufrirás en las urnas.” La vertiente electoralista es la más evidente, pero luego hay algo todavía más profundo, y es el sistema diseñado para los baby boomers en España y en otros países donde se está dando esta misma brecha. A menudo me escriben corresponsales que me conocen, han leído el libro: “Esto pasa en mi país”, un amigo mío esloveno me dice que pasa también en Eslovenia. La cosa es que el sistema se diseñó para los baby boomers porque, tras la Segunda Guerra Mundial y con el desarrollismo en España, era el ideal de una democracia que se consolida sobre dos patas: democracia y estado del bienestar en expansión. Los baby boomers son los más arraigados a la democracia por un imperativo moral, libertad e igualdad, venían huyendo de dictaduras o de guerras. En España lo mismo, pero también porque les dio resultados.

En paralelo está la construcción del estado del bienestar, donde había tres premisas que se creía que cimentaban ese estado del bienestar. Una, que la demografía se iba a ir renovando, iba a ser constante.

DANIEL GASCÓN: Pero venían de un trauma demográfico en muchos casos también muy grande.

ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente, la guerra impidió, hubo ahí un pico, un down de fertilidad, porque habían muerto muchísimas personas en la guerra. Entonces la demografía se renovaba, la productividad era creciente, y por último la esperanza de vida era corta. Antes, cuando se creó esta idea de estado del bienestar, 60, 70 años; hoy 80, 90, por suerte, ojalá fueran 150. Pero esas premisas, hoy las tres han hecho aguas. La demografía: vemos que nuestros hijos no tienen hijos. Vemos que no viven mejor que nosotros, y viven más años. ¿Qué ocurre? Los políticos, por una cuestión electoralista, tienen fácil meter recursos en pensiones, pensiones como algo sacrosanto, cada vez más pensiones y mejores pensiones, que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo. Pero cuidado, porque ahí hay una injusticia generacional: hoy la pobreza no es de los abuelos, como era antaño, es de los hijos. El estado del bienestar, donde la generosidad es con los abuelos, se entiende cuando la pobreza era de los abuelos. Todos hemos vivido o conocido entornos donde el abuelo estaba en casa porque era más pobre que la familia. Hoy no: hoy son los hijos más pobres que los padres, o son los hijos los que tienen que dar esa ayuda. Eso ya te está demostrando que, mientras el sistema no sabe inventar algo mejor, porque ese es el modelo de estado del bienestar, empieza a poner parches.

Por ejemplo, creo que parte del boom migratorio es necesario, pero también lo hemos convertido en parche, porque cuando vengan esas personas migrantes, por contexto ya van a tener menos hijos que los nuestros, no se soluciona el problema de la demografía. Los salarios tampoco están repuntando, por lo cual tampoco se soluciona el problema vía incrementos de productividad. Y mientras tanto, hoy la mayor parte del gasto son las pensiones, que también sirven para mantener a la familia. A veces decimos que son para comprar votos, y lo son en algunos casos, pero también es para mantener a la familia: hoy, en el entorno de un pensionista, hay millones de personas que no son pobres porque están en el entorno de ese pensionista. Mientras tanto, en 20 años las partidas que repuntan en gasto son pensiones y sanidad, muchísimo más pensiones que sanidad, y las que retroceden son transporte y vivienda. Claro que hay un conflicto pasado-futuro. Obviamente nuestros padres dirían “¿qué me estás diciendo? yo no soy el pasado.” Pero hay un conflicto pasado-futuro: un estado del bienestar envejecido y cuyos pilares se tambalean hace que desvíes el gasto hacia allí. Tampoco sabes crear otro sistema mejor. Lo único que voy a decir en descargo de nuestra clase política es que creo que no tienen ideas para crear algo mejor. Y como saben que, vía padres, muchos hijos ven paliada su situación, pues siguen invirtiendo recursos ahí. Y claro, son votos. No es más difícil de solucionar el problema de la vivienda que el de las pensiones, pero curiosamente hacemos todo lo posible por las pensiones y nada por la vivienda.

DANIEL GASCÓN: Tanto en las pensiones como en la comparación de los ingresos de pensionistas y jóvenes tienes algunos gráficos en el libro de Jon González que son impresionantes, la disparidad y cómo ha aumentado en las últimas décadas.

ESTEFANÍA MOLINA: Exactamente. Lo primero que quiero hacer es reivindicar la labor de Jon González: creo que ha aportado muchos datos a todo este fenómeno de la brecha generacional. Como tú dices, ahora mismo la revalorización de las pensiones es creciente. También hay un efecto composición: la política se esfuerza en ofrecer mejores pensiones para que no pierdan poder adquisitivo nuestros pensionistas, pero también es cierto que están entrando al sistema más pensionistas que, por sus cotizaciones, tienen pensiones mejores porque en su momento pudieron cotizar mejores salarios; eso es el llamado efecto composición. Pero ahí está la injusticia: lo estás descargando sobre una masa laboral muy........

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