Don Rodrigo y don Leandro
Nombre de usuario o dirección de correo
El suegro de una amiga mía enviudó a los sesenta y tantos años. Sus cuatro hijos, ya mayores y todos casados, se opusieron a la nueva relación que el padre inició con una viuda de su edad de la que se enamoró repentinamente. Fue un amor a primera vista. Le comenté a mi amiga que me extrañaba la oposición unánime de los hijos. El padre estaría más contento –no había destacado por su buen carácter– y la viuda, tan adinerada como él, o más, y sin hijos, no les iba a privar de ninguna herencia. Los hijos consideraban que no habiendo pasado ni un año de luto esa nueva relación era una ofensa a la memoria de su difunta madre. A esa edad, no creo que haya que esperar mucho, le dije a mi amiga. Yo misma me había pasado años buscando novio a mi madre, que enviudó a los cincuenta. Mi madre tenía claro que nunca más le haría la cena a un hombre. Y, en cuanto al sexo, se consideraba castrada por su educación religiosa en un colegio de monjas. Mi madre no temía a la soledad. A mí me habría gustado tener un padrastro majo, por ver a mi madre disfrutar de una relación distinta a la que tuvo con mi padre, y también por mi tranquilidad (si el pretendiente era, como no podía ser de otro modo, un hombre que valiera para todo). Pero mi madre sigue viuda y no ha habido ningún hombre después de mi padre. No sé, por otro lado, cómo habría sido mi reacción de ser mi padre el viudo, ni sé cómo me habría afectado la presencia de una madrastra que no podía imaginar como un ángel caído del cielo.
El suegro de mi amiga estaba ya felizmente casado en segundas nupcias con la estupenda viuda cuando vi, casi por casualidad, en Cine de Barrio El abuelo tiene un plan (1973), adaptación de una obra de teatro de Alfonso Paso. Es la séptima de las diez colaboraciones de Pedro Lazaga y Paco Martínez Soria, entre las que destacan La ciudad no es para mí (1966), El turismo es un gran invento (1968), Estoy hecho un chaval (1976), ¡Vaya par de gemelos! (1978), entre otras. Crearon un subgénero de comedia costumbrista que tuvo mucho éxito popular pero que, por razones obvias, no era la preferida de la crítica más intelectual. De 1970 es Tristana, de Luis Buñuel; de 1974, La prima Angélica, de Saura, por poner solo dos ejemplos de películas premiadas.
En el coloquio previo a la proyección los tertulianos hablaron de la vejez, del miedo a la soledad, de la salud mental y de los amores tardíos. Se nombraron películas como Del rosa al amarillo, La........
