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Reflexiones posmundialistas: sobre animales, héroes y dioses argentinos

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24.08.2026

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España es un país más supersticioso que creyente. Dicho sea con todo el respeto a estos últimos. Pero abundan más los brotes de religiosidad, como la Semana Santa, que las convicciones firmes. Si uno creyese verdaderamente en la existencia de Dios, nunca preguntaría por ejemplo: “¿con IVA o sin IVA?”. Olvídense de Max Weber: la verdadera diferencia con la ética protestante es que los alemanes actúan en su día a día como si de verdad temiesen el juicio divino. Los españoles, en cambio, como si no terminasen de creérselo. La historia sugiere, como Weber, que son muchas las ventajas de contar con un dibujo claro de los códigos morales. Históricamente, desde la Inglaterra victoriana, EEUU en la segunda mitad del siglo XX, o la propia Alemania desde que enterraron sus instintos bélicos, las sociedades más prósperas han sido las más serenas moralmente. Las que tenían amplios consensos sociales sobre el bien y el mal, por decirlo resumidamente. Aunque la actitud española, más barroca e indecisa, también tiene sus ventajas: Orson Welles resumió en una cita famosa en El tercer hombre la diferencia entre las sociedades prósperas y las geniales: “En Italia, durante treinta años bajo los Borgia, hubo guerras, terror, asesinatos y derramamiento de sangre; pero produjeron a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron quinientos años de amor fraternal, democracia y paz. ¿Y qué produjeron? El reloj de cuco.” Las dudas, al contrario que las certezas, proveen de una coraza con la que enfrentarse a las adversidades. Una ligereza para sobrevivir, un sentido del humor más gozoso, que a la larga resulta en una esperanza de vida más larga. Al fin y al cabo, la sublimación de la religiosidad sin Dios son los carnavales de Cádiz. Y no existe un pueblo más feliz que los gaditanos.

Y es que no todos los católicos son iguales, los hay más y menos felices, geniales y aburridos. Precisamente los italianos, me atrevería a decir, sí creen en la existencia divina (o al menos se comportan en su día a día como si de verdad creyesen en ella), ya sea por el influjo de sus vecinos del norte, los alemanes, o por albergar en Roma la tumba de San Pedro. Tal vez muestren más dudas cuanto más viajemos al sur de Italia, pero es que el transalpino es un país mucho más complejo y heterogéneo que el nuestro, dicho sea sin ánimo de ofender a nuestras orgullosas nacionalidades históricas.

Y así llegamos a lo que un buen amigo denomina un experimento etno-sociológico que quizás nunca debiera repetirse: la mezcla entre españoles e italianos. Es decir, los argentinos. Los argentinos creen en Dios con la firmeza de los italianos, o como los alemanes: es decir, sin dudas, con una convicción que resiste cualquier prueba. Pero, a su vez, los argentinos sufren erupciones de religiosidad espasmódicas, como los españoles: se expresan como si cantasen saetas, y........

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