El universo de Álvaro Pombo
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En abril de 2011 Álvaro Pombo, espigado y enérgico, participó en un mitin político y se hizo meme. Poco se recuerda de su intervención más allá de unas siglas que pronunció como un gruñido: u-pey-de, u-pey-de. Quince años después poco queda de esa rotunda figura: encorvado y con la piel pegada a los huesos, hoy el escritor apenas sale de casa, y cuando lo obliga algún compromiso literario — ya sea una presentación en una librería del barrio o el pleno semanal de la RAE— se desplaza en una silla de ruedas. Su universo físico se ha hecho exiguo y previsible. El intelectual, sin embargo, sigue siendo inabarcable. Ya sea en sus obras más recientes o en las raras ocasiones en las que se exhibe en sociedad, Pombo demuestra que su característico monólogo interior lleno de digresiones y paradojas sigue fluyendo con brío, cual río caudaloso y torrencial.
En los últimos años, cuando el mañana ya no se plantea con la certeza arrogante de la juventud sino como una duda razonable —algo que puede o no ser—, resulta tentador darse a la grafomanía, a dejar por escrito cuanto sea posible. Así, Pombo se ha entregado a una actividad literaria frenética para........
