Cuba en México: el mito de la irrelevancia
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Durante años, la relación entre México y Cuba fue presentada –cuando no deliberadamente minimizada– como un vínculo de baja intensidad: un espejismo propagandístico, simbólico, retórico o, en el mejor de los casos, consecuente con una tradición diplomática latinoamericanista compartida por gobiernos de distinto signo durante la etapa autoritaria y la transición democrática. Incluso durante los gobiernos de Morena, la cercanía con La Habana fue interpretada por amplios sectores de la opinión pública como una afinidad ideológica –celebrable o lamentable–, pero mayormente inofensiva, carente de implicaciones materiales profundas y muy distante de los alineamientos orgánicos que Cuba sostuvo –y sostiene– con regímenes abiertamente autoritarios como los de Venezuela y Nicaragua. Esa lectura, sin embargo, ha comenzado a resquebrajarse.
Al calor de coyunturas recientes, el debate sobre la influencia cubana en México ha adquirido una densidad inédita. La captura de Nicolás Maduro y la evidencia que apunta a la presencia activa de agentes cubanos en el aparato de inteligencia y represión venezolano no solo reactivaron las discusiones sobre el papel de La Habana como exportadora de know-how autoritario, sino que obligaron a repensar su proyección regional más allá del mito de la supervivencia pasiva. A ello se suma el incremento sostenido de los envíos de petróleo mexicano a la isla, ordenados por el gobierno de Claudia Sheinbaum, los cuales han comenzado a ser leídos, crecientemente, como un subsidio político a un régimen fracasado, más que como un gesto humanitario o diplomático.
No es casual, en este contexto, que voces influyentes del debate público mexicano –como Carlos Bravo Regidor o Julio Patán– hayan empezado a señalar los riesgos y contradicciones de una política exterior que, mientras enarbola una retórica soberanista y democrática, sostiene materialmente a una de las dictaduras más longevas del hemisferio. Lo que durante años fue considerado irrelevante, exagerado o ideológicamente sesgado hoy empieza a percibirse como un problema real de coherencia política y, más aún, como un riesgo institucional.
Este giro en la conversación pública resulta revelador, pero también tardío. Mucho antes de que el subsidio petrolero colocara a Cuba en el centro del debate nacional, distintos análisis habían advertido sobre una influencia cubana........
