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Inmenso, magnífico, desaparecido

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wednesday

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“Autocompilador es que no ves que lo que escribes / estaba ya escrito en la inmensidad de ti mismo.” Estos son los dos versos que encuentro al abrir al azar uno de los libros de Pierre Albert-Birot que he sacado aquí, en la biblioteca, ya no recuerdo inspirada por qué. No había oído hablar de él, pero con algo debí de topar que me dio ganas de leerlo. Así que hace unos días pedí un par de libros suyos y como vestigio de ese repentino interés ahora los tengo junto a los demás, y aunque por el momento no me sirven para el libro que estoy escribiendo, me acompañan durante la escritura y de vez en cuando los abro y leo un poema y luego echo la cabeza hacia atrás y me quedo mirando la gran claraboya con mis ojos miopes. Ahora mismo acaba de empezar a sonar un aguacero insólito que parece amenazar con hacerla añicos, si no fuera porque hay truco y no da directamente al cielo.

En esos versos de Albert-Birot también se adivina el cielo que inspira la idea de inmensidad y con el que, por esa razón, podemos identificarnos: ¡con el cielo mismo, y no por lleno de nubarrones precisamente! Tienen algo de la limpidez de una mañana vivida como una revelación. Es el mismo cielo que vería Ungaretti para escribir M’illumino d’immenso, y aquí, en el viaje del modelo al retrato y vuelta, encontramos otro atisbo de la asociación de la materia con las ideas.

Cuando Ungaretti escribió aquello estaba combatiendo en la Primera Guerra Mundial. Fue en........

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