México ante la “Junta de Paz”: diplomacia timorata y sin rumbo
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La semana que concluye ha sido una más que desnuda una política exterior mexicana a la deriva, sin brújula, sin congruencia, con una cancillería eviscerada, un Servicio Exterior Mexicano desmoralizado y en los huesos, y un canciller que simplemente no pesa y no ejerce, que constantemente incurre en negligencia profesional en la conducción de la política exterior y al que todo esto parece importarle un pepino. Y no me refiero, como lo he venido haciendo los últimos siete años, al uso escandaloso –y en números jamás vistos en la historia moderna de México– de las titularidades de embajadas, misiones y consulados mexicanos como botín, premio de consolación y moneda de cambio políticos por parte de la llamada 4T, evidenciado nuevamente en estos días con otro ofrecimiento de embajada al más reciente defenestrado del gobierno, Marx Arriaga.
Mi alarma en esta ocasión tiene que ver con el oxímoron de una “Junta de Paz” lanzada y convocada por el presidente estadounidense más belicoso en tiempos modernos, (que ha amagado con anexarse a Canadá y hacerse por la buenas o las malas de Groenlandia) y que celebró su primera reunión en Washington el 19 de febrero. Porque las razones articuladas por el gobierno de México para justificar su posición ante tal entuerto de propuesta trumpiana son de tal contradicción y timoratez que de nuevo demuestran que en Presidencia, por un lado, no hay la más mínima comprensión de las relaciones internacionales, la práctica diplomática o la capacidad de marcar distancia y deslindarse de ideas y proyectos con argumentos sólidos y, por el otro, que no hay un canciller que dirija, oriente, o asesore a la presidenta en materia de política exterior.
La presidenta esta semana explicó que México no había aceptado participar como integrante de la llamada Junta de Paz por la ausencia de una invitación a “Palestina” en el........
