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Crimen sin castigo

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Los testimonios, relatos e imágenes sobre el Holocausto nazi contra los judíos lograron cristalizarse, dos décadas después de lo ocurrido, en un imaginario simbólico cuya mera referencia suscita estupor y unánime condena. En cambio, el holocausto estalinista contra su propio pueblo todavía no se ha conformado en un imaginario semejante, pese a los múltiples discursos sobre el tema. Ello puede ser debido a que, antes de la perestroika, la cruenta represión estalinista constituía un tabú para la izquierda occidental (pocos, y con la boca chica, lo denunciaban) y un tópico recurso para los ideólogos anticomunistas. También suponía, tan enorme era la tragedia, un reto a los testigos: “¿Cómo contar lo que no puede ser contado? Es imposible encontrar las palabras. Morir tal vez habría sido más sencillo.” (Varlam Shalamov, Relatos de Kolymá, Editorial Minúscula).

Quizás ahora se presenten las condiciones para elaborar una historia objetiva, sobre el Gulag y el aparato represivo del régimen soviético, que sirva para establecer un imaginario simbólico cuyo fundamento ético sea incuestionable. A este respecto contribuyen los tres tomos de la obra de  Vitali Shentalinski (Esclavos de la libertad, Denuncia contra Sócrates y Crimen sin castigo, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), dedicados a elucidar la pertinaz represión estaliniana contra lo más granado de sus propios escritores. Shentalinski ha realizado una rigurosa indagación a partir de los numerosos expedientes depositados en los archivos literarios del KGB. Aunque posiblemente esos archivos hayan sido depurados antes de ser  públicos, Shentalinski establece y documenta muchos datos sobre el aciago destino de renombrados escritores e intelectuales (Babel, Solzhenitsin, Bulgákov, Mandelstam, Pilniak, Gumiliov, Koltsov….) y, asimismo, nos informa por primera vez de otros casos menos conocidos (Demídov, Klicíjev, Platónov, Punich, Florenski, Méyerjold).

A diferencia del Holocausto contra los judíos, nutrido de explícitas imágenes de aquel horror, de las “purgas” estalinianas (¡qué eufemismo el de esta higiénica palabra, asimilada incluso en los discursos anticomunistas, que blanquea el crimen de Estado!) prácticamente sólo han quedado como testimonio –y, asimismo, prueba de cargo– los retratos adjuntos a las fichas........

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