El lerele de Antonio Flores
Lejos de ser complaciente, el documental Flores para Antonio, que se puede ver ahora en Movistar+, tiene la incomodidad de la herida abierta. Y ahí radica su mayor acierto. No se queda en el sentimentalismo y la memoria edulcorada. A través de la mirada familiar de su hija, su exmujer, sus hermanas y sus amigos, la figura de Antonio Flores se dibuja honesta. La cinta no lo idealiza, pero tampoco lo desmitifica y, por eso, resulta interesante. Al menos para los que hayan vivido los ochenta y los noventa y recuerden cómo era la movida de aquella época, porque ahí también ahonda el atractivo de acercarse a Antonio, el hijo de Lola Flores y El Pescaílla, con todo el lerele que tenía encima. Una rumba tan gitana que lo arrolló con todo el exceso. De eso va Flores para Antonio, de la memoria construida, del relato que nos contamos, de lo complicado que es volver al pasado y de las inseguridades que genera en el presente. Por esas grietas corre lo mejor de la historia, que no se queda en las aristas y golpea con la certeza de las imágenes de los vídeos caseros. De la vida de Antonio Flores nos ha interesado sobre todo su muerte y el documental tampoco la esquiva, por eso merece la pena verlo. Porque la propia fragilidad de Antonio Flores es lo que le dio toda la fuerza para dejarse ir. Tenía 33 años y todo por vivir. Esa es su autopsia.
