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¿Gestión del litoral o «tutti churrasco»?

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16.04.2026

El Consejo de Ministros aprobó un real decreto por el que se transfieren las funciones y servicios del Estado en materia de gestión del litoral a Galicia. En él se enumeran las funciones y servicios cedidos, los títulos de ocupación y uso del dominio público, las autorizaciones de usos de temporada en las playas y el mar territorial.

También se traspasan las autorizaciones de ocupación del dominio público con instalaciones desmontables o bienes muebles, y las que se otorguen en zonas de servidumbre de tránsito y acceso al mar. El traspaso incluye, además, vehículos, puestos de trabajo, personal funcionario y personal laboral.

Que nos transfieran esas competencias, como cualquier otra, puede tener consecuencias positivas o dramáticas. Cuando en vez de hablar de proteger lo que nos queda de costa queremos copiar la romería de la playa de As Catedrais, el caos de Combarro, llenar nuestra costa de senderos abandonados y chiringuitos o inventar «O Camiño do pulpo», pues no sé qué quieren que les diga.

He buscado las iniciativas concretas limitadas por la situación previa a la transferencia en la gestión y conservación de nuestros ecosistemas litorales y no he encontrado nada. Sí he visto que la Xunta resolvió favorablemente «760 solicitudes para servicios y establecimientos temporales como chiringuitos, terrazas, stands de salvamento o alquileres de canoas, y está tramitando otras 80», además de ampliar los meses de concesión. Es el tutti churrasco que sustituye a las ideas. Expertos en patrimonio han alertado de la afección del turismo masivo en varias zonas de Galicia por estas causas, algunas de ellas en enclaves costeros muy sensibles. El mayor peligro para nuestra costa es creernos que estamos al margen del cambio climático y enfocar el futuro en un desarrollo turístico sin otro criterio que el número de visitantes, las cabañitas, etcétera.

En sentido contrario, poco o nada se ha hecho en nuestros parques naturales litorales, tampoco en las áreas costeras con otras figuras de protección. La presión turística es ya un factor que amenaza la costa gallega, agravado por la falta de protección e incluso por el efecto llamada de algunas campañas publicitarias muy controvertidas, como la que reivindica Galicia como «refugio climático».

Aunque hay quien no lo cree, la costa gallega, sus acantilados y playas son, como el Camino de Santiago, anteriores a la existencia de los gobiernos de la Xunta, como la penicilina. No han inventado nada y lo que han publicitado está peor que antes: visiten la ruta del cantábrico o la Vigo-Baiona, pero tengan cuidado. Hace un par de años leí una frase del arquitecto australiano Robyn Boyd en su libro La fealdad australiana que refleja muy bien nuestra deriva: «Cuanto más grandioso y salvaje es el escenario natural, más mezquino y pretencioso es el escenario artificial, así no hay posibilidad de comparaciones odiosas». Podría terminar con Georgie Dann y El Chiringuito, pero acudo a Joan Manuel Serrat: «No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí, perdóname sí hoy busco en la arena, esa luna llena que arañaba el mar».


© La Voz de Galicia