En el nombre de Dios
Para los amos de los cortijos, que son exclusivamente los que hablan en nombre de Dios, la servidumbre es un estado previo al Derecho natural configurado por el Uno, por Uno, porque el anterior Uno, el anterior al Vaticano II, tal y como impone el conglomerado económico y político que se ha apoderado de los designios del Padre y del Hijo del Padre. En consecuencia, los siervos que no pagan unos alquileres en extremo depredadores deben ser expulsados de las viviendas, eso por descontado, pero también de la comunidad y hasta de la vida misma a través del aniquilamiento de los servicios elementales para esa vida. De otra manera: los excesos de los amos de los cortijos pasan de ser excesivos a raquíticos, donde este raquitismo era en aumento por siempre jamás. Porque esta tribu de heroinómanos, al igual que los yonquis de aguja, necesitan cada vez en menor tiempo mayor cantidad de .
El maquillaje, que apareció en sus formas rudimentarias al principio del tiempo del hombre, se ha sofisticado hasta tal punto que logra el milagro de disimular las entecas de los miserables, de sus aspectos cadavéricos y, finalmente, sus muertes. La calidad de fábrica del maquillaje obra el milagro de que porciones cada vez mayores de servidumbre abracen la fe que les inculcan por todos los medios los dueños de sus destinos. Con la tinta okupa del calamar de predicadores del rango del ayuntamiento de Alicante y los pisos sociales, okupados esta vez por aquellos para uso o para revenderlos, se camufla, con esa tinta, que la vivienda es un derecho exclusivo de quienes hablan en nombre de Dios: rentistas, agentes inmobiliarios, constructoras, fondos buitre…, y de quienes para ellos y para sí mismos pueden comprar o alquilar tan preciosos bines por la graciosa gracia del Uno, del Uno deshonrado y creado a su imagen y semejanza de ese conglomerado antes señalado (un ejemplo en Chamberí: el alto dúplex de ancha cama y de luminosa cocina donde se cocina ).
La materialización, una vez más, tuvo lugar esta semana en el Congreso. Los tres partidos ultra afortunados de la fortuna y ultra amados por el Dios-Becerro de Oro (PP, Vox y Juntos), o sea, los amos de los cortijos, junto a los amos del suelo y del ladrillo y de la energía y de la madre que en mala hora los parió a todos ellos y aún a más mal nacidos, han negado el pan y la sal a los más parias entre los parias al rechazar el llamado “escudo social” propuesto por las distintas izquierdas del arco parlamentario, que, en efecto, tienen rabos y cuernos.
Es duro y muy triste observar cómo a las personas se las reduce a ganado por los histriones de Dios. Es duro y muy triste observar cómo la verdadera verdad en la que vive la servidumbre es volteada y, entonces, puede inventarse cualquier otra verdadera mentira, repentina y última, para sojuzgar a los
