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Las cifras de coca de Naciones Unidas son necesarias

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31.01.2026

Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.

Esta columna fue escrita por los columnistas invitados Ana María Rueda y Javier Flórez.

El debate sobre la precisión del indicador de producción potencial de cocaína, que hace anualmente la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), es oportuno y necesario. Permite que los funcionarios de este gobierno y los que vengan comprendan qué mide el país en materia de drogas, evalúen su utilidad y avancen en la construcción de nuevos indicadores que permitan diseñar y revisar políticas orientadas a reducir los cultivos de uso ilícito.

No es la primera vez que hay tensiones metodológicas entre el gobierno de Colombia y la Unodc y eso no debería sorprender. Toda medición se puede mejorar y toda política pública requiere revisar y ajustar sus indicadores.

Lo que sí resulta inédito —y un error estratégico— es el intento de politizar un debate que es, ante todo, técnico, sacándolo del terreno metodológico para llevarlo a la deslegitimación pública de los datos. Este giro no solo pone en entredicho la credibilidad de la información construida durante décadas de trabajo conjunto, sino que crea confusión y desconfianza en un campo en el que el país necesita certezas mínimas para entender cómo evoluciona este mercado ilegal.

Más datos, más transparencia y más capacidad analítica, no menos, si a lo que se aspira es a construir una política de drogas basada en evidencia y no a crear disputas coyunturales.

Durante más de 25 años, la política de drogas se ha apoyado en dos indicadores clave: el número de hectáreas cultivadas con coca y la producción potencial de cocaína. Estas mediciones han servido para seguir la evolución anual de ambos fenómenos, a nivel nacional y mundial.

Estos dos indicadores anualizados suelen leerse como el balance de las políticas implementadas y, en particular, de las acciones del gobierno. El aumento o reducción de los cultivos de coca se asocia con las estrategias de erradicación, mientras que la producción potencial de cocaína se vincula con las incautaciones de la coca y sus derivados, así como de las sustancias químicas para su transformación en cocaína y la destrucción de laboratorios. En la práctica, la opinión pública termina evaluando la eficacia del gobierno en materia de drogas esencialmente a partir de estas dos mediciones.

Lo anterior ocurre pese a que ninguno de estos dos indicadores refleja el impacto real de las apuestas de cada gobierno. Una campaña intensiva de aspersión aérea o de erradicación manual voluntaria y forzosa pueden reducir los cultivos, aunque esa reducción no siempre sea sostenible en........

© La Silla Vacía