Por qué creo que La Silla se equivocó con Iván Cepeda
En esta columna me referiré a una investigación periodística publicada por este medio que considero tiene un enfoque equivocado. Se trata del artículo publicado el 22 de febrero titulado “Mención de Iván Cepeda en computador de las Farc no fue un montaje”. También me referiré a la explicación sobre el mismo tema dada por los periodistas en este video y a esta nota del 26 de febrero que busca responder a las preguntas generadas.
Dicho artículo ha sido recogido y amplificado de forma irresponsable por otros medios (por ejemplo acá), ha tenido un eco inmenso en redes y ha generado que el candidato presidencial Iván Cepeda interponga una demanda ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Considero que hay errores periodísticos de valoración de las fuentes, interpretación y énfasis. En esta columna me refiero a ellos y también doy algunos elementos de contexto histórico.
Empiezo por recordar a los lectores el contexto de febrero y marzo de 2008, pues la investigación se refiere a esas fechas, y si no se tiene total claridad sobre ello no se entienden las cosas:
Gobernaba Uribe, las Farc tenían a decenas de secuestrados. Recientemente se habían dado a conocer testimonios duros sobre las condiciones de vida de estos secuestrados, que conmovieron al país. Las Farc pedían un intercambio humanitario y una zona de despeje. Uribe se negaba rotundamente e insistía en una solución militar. Los países vecinos estaban gobernados por dirigentes de izquierda (Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela) que buscaban darle algún aire a las Farc. El campamento de Raúl Reyes, el “canciller” de las Farc, estaba en Ecuador, a 2 km de la frontera colombiana, y Chávez buscaba intermediar en la liberación de secuestrados.
En ese contexto complejo, desde la ciudadanía colombiana, con el apoyo decisivo de los medios y con la participación activa del gobierno, fue organizada una marcha cuyo único propósito fue decir: “No más Farc”. Esta marcha se hizo el 4 de febrero y fue multitudinaria. Al día siguiente, Iván Cepeda, presidente del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, Movice, anunció que convocaría a una marcha para el 6 de marzo para reconocer a las víctimas de los crímenes de Estado y del paramilitarismo. La sola idea de hacer esta convocatoria fue vista como un desafío por el gobierno y por sectores influyentes de los medios; el asesor presidencial José Obdulio Gaviria señaló la marcha del 6 de marzo de ser convocada por las FARC.
Muchos columnistas y prensa hicieron lo mismo. Para seguir con la reconstrucción de los hechos, el 27 de febrero fueron liberados cuatro secuestrados por las Farc; el 1° de marzo el gobierno colombiano bombardeó el campamento de Raúl Reyes en Ecuador e incautó sus discos duros; el 3 de marzo el coronel de la Policía Oscar Naranjo exhibió un volante en rueda de prensa extraído de dichos computadores para “demostrar” que la marcha del 6 era convocada por las Farc; finalmente, el 6 de marzo se realizó en varias ciudades de Colombia y del mundo la marcha convocada por el Movice y por organizaciones sociales y ciudadanía.
Volvamos al artículo de La Silla Vacía, LSV. Se afirma ahí que Cepeda tuvo contactos con las Farc para buscar una participación activa de miembros de esa guerrilla en la convocatoria internacional de la marcha del 6 de marzo, 6M. (Frase textual: “Los computadores de Raúl Reyes indican que como defensor de derechos humanos, Cepeda tuvo contactos por lo menos en [una] oportunidad con las Farc para buscar una participación activa de miembros de esa guerrilla en la convocatoria internacional de su movilización”.) LSV afirma, además, que él no ha sido claro con respecto a la fiabilidad de los archivos encontrados en el PC de Raúl Reyes.
La primera pregunta que se impone es: ¿Qué ha pasado para que 18 años después volvamos a hablar de estos archivos, de la marcha del 4F 2008, de la marcha del 6M 2008?
Una respuesta obvia es que Iván Cepeda es candidato presidencial; otra, que rivales uribistas están agitando la idea de que sea judicializado en Estados Unidos sobre la base del computador de Raúl Reyes. Debo advertir, sin embargo, que no creo que esta sea la razón por la que LSV indaga en este supuesto lunar de Cepeda. Es decir, no creo que este medio esté haciéndole el juego a Álvaro Uribe. Creo en su versión cuando afirma que están buscándole aspectos discutibles a los candidatos (ellos hablan de “sus sombras”). Y creo que se basan en su modelo de chequeo de noticias -LSV suele aportar al debate público mediante su verificador de verdades, mentiras o medias verdades en que incurren los políticos. Solo que esta vez, con el perdón de esta casa que considero profesional, respetable y amiga, me parece que se equivocaron.
Las razones son varias: por un lado, basan su artículo en dos fuentes que están lejos de tener una fiabilidad total; no hay contraste de la información (triangulación); no hay ponderación de los hechos; no hay un conocimiento adecuado del contexto de la época.
Voy a explicar paso a paso. El problema de las fuentes es muy importante. LSV basa su artículo en correos electrónicos que estaban en el PC de Reyes y que reposan en:
El repositorio de International Institute for Strategic Studies, IISS, hoy en línea.
Fuentes de documentos de inteligencia colombiana que tienen copias de estos correos, que no son de acceso público (pero LSV tuvo acceso a ellos).
En primer lugar, es importante saber que estas dos fuentes no son las mismas que examinó Interpol en mayo de 2008 y que certificó como auténticas. Es decir, ninguna de las dos fuentes en las que basó su artículo LSV es la fuente original, con los datos brutos. En ambas fuentes hay ediciones: en la versión del repositorio del IISS hay modificaciones, al parecer menores (el IISS afirma que editó fechas, remitentes y destinatarios donde pudieran determinarse con un alto grado de confianza). En la versión hasta hoy desconocida de inteligencia colombiana, los extractos incluidos en la nota evidencian que hubo edición (por ejemplo, extracción parcial de citas e inclusión de comentarios).
Esto es importante porque el artículo de LSV da por sentado que esas fuentes son un material que no fue alterado, porque Interpol así lo dijo en mayo de 2008. Acá hay, entonces, un primer error de precisión sobre las características de las fuentes tratadas.
Pero incluso con respecto al material original no alterado, conviene recordar algo que la misma Interpol señalaba en junio de 2008: “Interpol ha dejado claro que el hecho de validar que los contenidos de las pruebas informáticas no fueron manipulados tras ser decomisadas por las autoridades colombianas no equivale de ninguna forma, modo o manera a decir que el contenido de los archivos de usuario es verdadero y exacto. Por consiguiente, Interpol discrepa de todas aquellas personas que pretenden que su informe valida el origen y la exactitud de cualquier documento o archivo de usuario concreto contenido en las pruebas».
Es decir que hay que tener la máxima cautela con esas fuentes y, cuando menos, someter esa información a triangulaciones para verificar su veracidad.
Pasemos a otro punto discutible de los artículos y video de LSV, y es que no siempre queda claro en la redacción de la nota a cuál de las dos fuentes (IISS o inteligencia colombiana) se refiere. Veamos cómo se usa cada una:
De la primera fuente (archivo IISS) se extrae una mención de “alias Ingrid S.” a Iván Cepeda (correo dirigido a Raúl Reyes el 18 de febrero de 2008): “Por pedido del compañero Iván Cepeda estoy coordinando la unidad de las marchas que se harán en todos los países el próximo 6 de marzo”. Con esta cita abre el artículo y queda sentado el tono. Pienso que, cuando menos, se ha debido abrir con un contexto, en vez de esta cita en extremo problemática en la que se funda la argumentación de LSV.
Pero sigamos comentando la fuente IISS. De acá también se extraen otras menciones de las FARC a la marcha. Como lo resume LSV, en ellas se ve que no organizaron la marcha, pero buscaron infiltrarla (lo que ocurre muchas veces con las marchas de la sociedad civil, pero esto no parece tenerlo en cuenta la investigación de LSV). En todo caso, la afirmación que hacen en la nota (“Cepeda tuvo contactos por los menos en [una] oportunidad con las Farc para buscar una participación activa de miembros de esa guerrilla”) se basa en ese correo de Ingrid S. Pienso que esa deducción es abusiva.
En efecto, suponiendo que los archivos sean auténticos, el hecho de que Ingrid S. le escriba ese correo a Raúl Reyes no es prueba de nada. No se puede deducir de ese mensaje que ha tomado contacto con Cepeda, y mucho menos que estaba coordinando las marchas del 6M que se hicieron en otros países. Ingrid S. puede estar chicaneando, mintiendo, inventando. Adicionalmente, la carga de la prueba de que esto es verdad no le corresponde a Iván Cepeda. Les corresponde a los periodistas. Pero, y esto es muy problemático, no hay triangulación por parte de LSV, pues este medio no logra establecer que haya existido relación entre Ingrid S. y Cepeda en ese momento, o antes o después, o que la organización de ella haya infiltrado las marchas del 6M.
Por todas esas razones, pienso que Iván Cepeda no tiene la obligación de responder por un correo que lo menciona, y pienso que es problemático que LSV se base en esas líneas para poner un manto de duda sobre las relaciones entre Iván Cepeda y las Farc. (Recordemos que en artículos de la época, el mismo medio había mostrado que esta relación no existe).
Volvamos sobre la segunda fuente (documentos de inteligencia colombiana). Estos son utilizados por LSV exclusivamente para mostrar que Ingrid S. sí estaba ligada con las Farc. De entrada, debemos decir que esta fuente es problemática por su historial (por desgracia, abundan los casos de falsos perfilamientos en los organismos de inteligencia del Estado, sobre todo bajo las presidencias de Uribe Vélez). ¿Por qué esto no se comenta en el artículo de LSV? Este medio ha cubierto muchos casos de falsos perfilamientos por organismos de seguridad del Estado. Pero, en fin, veamos qué dicen estas fuentes y para qué le sirve a LSV. Los documentos de inteligencia presentan 1) un organigrama de relaciones de Ingrid S con diferentes personas (no figura allí Iván Cepeda, y sí figura Álvaro Uribe V.) y 2) extractos de correos con los viajes de Ingrid S. a Cuba. El objetivo central al incorporar esa fuente es mostrar que Ingrid S. es muy importante para Raúl Reyes y para las Farc.
La pregunta es: ¿qué relevancia tiene esta información en lo que nos venía ocupando? La respuesta es: ninguna. Todos los datos de la fuente dos (inteligencia colombiana) son irrelevantes. ¿La razón? No tiene ninguna importancia quién sea Ingrid S. en la historia que nos ocupa, pues de hecho LSV no logró demostrar que Ingrid S. e Iván Cepeda tengan algo en común, que ella haya influenciado las marchas del 6M o que ella haya sido cercana a él en algún momento de su vida pública. Entonces, ¿cuál es la función de todo esto?
En realidad, la única función que cumple esta fuente es introducir ruido. Y eso es quizá lo más molesto del artículo de LSV. No solo no revela nada importante, no trae un tema nuevo (desde hace años, políticos uribistas han intentado explotar la idea de que la marcha del 6M fue co-organizada entre Iván Cepeda y las Farc), lo grave es que además introduce ruido.
Ruido también es poner de ilustración un panfleto de las Farc (el mismo que exhibió el general Oscar Naranjo el 3 de marzo de 2008) donde no apoyan explícitamente la marcha. Un editor de contenido hubiera podido incluir, en vez de esa foto que genera una asociación entre las Farc y Cepeda, la foto de alguno de los nueve líderes sociales asesinados en alguna región de Colombia lejos de Bogotá por haber promovido la marcha del 6M.
En síntesis: si el correo se basa en una fuente que no es enteramente fiable, si no es comprometedor, si no hay triangulación de información precisa para incriminar a Cepeda, es bastante irrelevante saber qué recuerda él exactamente de los computadores de Raúl Reyes. En efecto, Iván Cepeda dijo que pudo haberse equivocado cuando afirmó, en el pasado, que hubo adulteración de los computadores de Raúl Reyes y que esto hacía parte de una “operación Estímulo”, (operación que efectivamente existió, como lo explica LSV), montada por el DAS para infiltrar la marcha (incluso con supuestos panfletos de las Farc) y perjudicar al Movice.
La pregunta correcta es: ¿se puede realmente decir que Iván Cepeda mintió porque no está seguro de qué hacía parte, y qué no, del montaje que buscó hacerle el gobierno de la época? ¿Se lo puede incriminar por dudar de la veracidad de información que fue recabada en una operación ilegal por fuerzas estatales que lo estaban hostigando? Creo que no, pero, recalco: sobre todo, creo que eso no es lo grave. Lo verdaderamente grave, y que la nota pierde de vista por buscar mostrar que “Cepeda mintió”, es la infiltración a la marcha del 6M por un organismo de inteligencia que dependía directamente de Presidencia.
En un plano más histórico, yendo más allá del mero chequeo de una frase y de un correo en suma intrascendente, creo que lo grave es no dimensionar lo que fue el Movice, Movimiento de víctimas de crímenes de Estado. Este fue un movimiento social importante en el que las víctimas organizadas se hacían sentir, en un contexto en que el uribismo (y muchos medios) hostilizaban y estigmatizaban a cualquier voz crítica. Es necesario tener claridad sobre lo que significó la marcha del 6M en uno de los momentos de mayor auge del uribismo: actos como este ayudaron a romper el unanimismo-uribismo, un escenario que consideraba que todos los crímenes en Colombia eran culpa exclusiva de las Farc.
Quiero concluir esta columna con dos recomendaciones de lectura: la primera, esta petición “Contra la barbarie cotidiana”, de febrero de 2008. Fue firmada por profesores, investigadores del mundo entero que no querían ni apoyaban la lógica de eliminación del enemigo interno, que condenaban el secuestro, que abogaban por un intercambio humanitario, que pedían que cesaran las masacres. La segunda, estas palabras de Mockus cuando explicó por qué salió a marchar el 6M, con una autocrítica:
“La marcha del 6, marcha de una péntuple autocrítica: marcharé en homenaje a todas las víctimas y sintiendo culpa personal y profesional por 5 razones: 1) por no haber impedido (o al menos censurado con más ahínco) la “combinación de todas las formas de lucha”, defendida y adoptada a comienzos de los 80 en varios ambientes de izquierda; 2) por no haberme opuesto de modo más beligerante y efectivo a la adopción de un esquema similar de “todo vale” por la derecha colombiana; 3) por haber cerrado los ojos a las evidencias iniciales sobre el paramilitarismo como principal causante de desapariciones, masacres y desplazamiento, no haber comprendido a tiempo que una actitud social tolerante ante el narcotráfico terminaría nutriendo ambos desbordamientos y que los narcos intentarían poner a su servicio unas y otras fuerzas irregulares; 4) por no haber apreciado a tiempo y enseñado más ampliamente la validez del uso legítimo de la fuerza cuando se ejerce de acuerdo con la Constitución y la ley, y 5) por no haber desatado a tiempo un movimiento de rechazo a la retaliación violenta. (Cuando entra en escena la violencia es cuando más hay que prohibirse pagar con la misma moneda. La violencia no se responde con violencia)».
Creo que LSV ha hecho un gran aporte para el debate público en Colombia; he leído excelentes artículos de su redacción y conozco su compromiso de hace años. Me gustaría sinceramente que hoy reconocieran su error. Todos nos hemos equivocado. También quiero decir que yo explico con argumentos y datos mis discrepancias, pero por supuesto no entro en la lógica de linchamiento colectivo de un medio o de una periodista.
Por otra parte, en un plano más general, pienso que estamos en mora de abrir una conversación amplia (o sea, no solo limitada a periodistas) sobre medios y debate público en Colombia.
