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¿De qué vive una persona en situación de periodismo?

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18.04.2026

“Expresada sin arte, una verdad sobre un mal es un mal. Ha de ser valiosa por sí misma. Así reconcilia con el mal y con el dolor por el hecho de que los males existen”. —Karl Kraus

I. El periodismo de Tennessee es demasiado estimulante

En 1871, Mark Twain publicó un cuento satírico basado en su propia experiencia como reportero en periódicos del sur de Estados Unidos, durante la era de la prensa de opinión violenta y partidista. El narrador es un periodista recién llegado —ingenuo y de modales refinados— que intenta adaptarse al caos con buena voluntad: corrige notas con criterio mesurado y diplomático, solo para descubrir que cada enmienda ofende a algún enemigo armado del periódico. A lo largo de la jornada acumula heridas y destrozos sobre su persona:

«Un caballero me dispara y me mutila; una granada me lanza la puerta de la estufa por la garganta».

Termina en el hospital. En su renuncia declara que el «periodismo de Tennessee es demasiado estimulante» para él.

Se dirá que Twain exageraba sobre la violencia editorial de su época, pero 150 años después hay que sumarle el maltrato económico, el abuso de poder y sexual cada vez mejor documentado. El ataque no llega solo por la ventana: viene de los consejos directivos, del dueño del medio, de periodistas intocables. Las personas en situación de periodismo ya no solo terminan en el hospital o en el cementerio, sino en la calle con cajas de cartón, o como víctimas silenciosas de violencia laboral.

II. Bezos despide a un tercio del Washington Post

El 5 de febrero de 2026, The Washington Post despidió a 300 de sus 800 periodistas —un tercio de la redacción—. Entre los cesados: toda la corresponsalía en Oriente Medio, el enviado a Ucrania (en plena guerra) y toda la sección de deportes. Lizzie Johnson, corresponsal en Kiev, escribió: «Acabo de ser despedida en medio de una zona de guerra».

El dueño, Jeff Bezos —dueño de Amazon y tercer hombre más rico del mundo—, decidió que 300 periodistas eran prescindibles. Los corresponsales le habían enviado cartas advirtiéndole que los despidos los conducirían «a la irrelevancia y luego a la extinción». Bezos no respondió. 

Mientras planeaba los despidos, MGM adquirió los derechos del documental Melania —la película sobre la esposa de Donald Trump— por 40 millones de dólares y Amazon invirtió otros 35 millones en su distribución. Tras los despidos, las empresas de Bezos conservan jugosos contratos estatales —con la Agencia Nacional de Seguridad, el Pentágono y la NASA— que dependen de la buena voluntad de la administración Trump. Marty Baron, exeditor ejecutivo del Post, declaró que Bezos había dejado una mancha al intentar congraciarse con el presidente Trump: «destrucción de marca casi instantánea y autoinfligida». El periódico perdió alrededor de 100 millones de dólares en 2024, lo que Bezos suma de ganancia a su patrimonio semana a semana.

En el cuento de Twain, el editor jefe le dice al protagonista: «Jones llegará a las tres, azótelo. Gillespie llamará antes, tírelo por la ventana. Ferguson vendrá a las cuatro, mátelo».

Ya no hace falta matar al mensajero: basta con enviarlo a una zona de guerra y despedirlo por correo; o dejarlo en la inopia de un día para otro y ver cómo pasa de reportear sobre la pobreza —desde una posición de clase media asalariada— a convertirse en parte de la misma masa empobrecida sobre la que antes escribía. 

El látigo es hoy un mensaje: «eliminado»; la sala de redacción, una pantalla de Zoom; la «misión celestial del periodismo» que el poderoso editor de Twain invocaba con ironía para justificar la violencia es ahora el perfume de la «inteligencia artificial» sobre la misma lógica de siempre: nuestra estupidez natural embrutecida en pos del lucro.

III. Prisa despide a 80 en una tarde y le entrega la consola a uno

A finales de 2025, Caracol Radio y W Radio —del grupo español Prisa Media— despidieron a más de 80 periodistas en una tarde. Entre ellos: Alfonso Ospina (jefe de informativos), Paula Bolívar (Premio Simón Bolívar) y decenas de reporteros. La periodista Mónica Rodríguez escribió en X: «La crisis se ahonda. La esperanza es cada vez más remota».

Pero lo más revelador fue lo que se puso en su lugar: una sola cara. Como escribió Carlos Cortés en La Silla Vacía: «Julio se va a quedar con todo». Julio Sánchez Cristo, la figura que sobrevivió cuando 80 no lo hicieron. Iván Garzón lo resumió: «Su línea editorial es administrar su marca». Cortés lo describe como «cómodo para el poder»: un entertainer, relacionista público y primer indignado de la nación.

Si alguien quisiera retratar a este tipo de periodista en el cine, estaría lejos de Los hombres del presidente (1976), el retrato guapo y heroico de los periodistas Woodward y Bernstein destapando el Watergate. Habría que recurrir a The Sweet Smell of Success (1957), de Alexander Mackendrick. Allí no hay periodismo: hay J. J. Hunsecker, un columnista que no investiga, sino que opera a lo político y financiero, disfrazado con la toga del periodismo, con una libreta de contactos más poderosa que cualquier investigación y con capacidad de........

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