La crisis explícita de los gremios
*Columna de Carlos Cante, presidente ejecutivo de Fenalcarbón
Los gremios empresariales, como los sindicatos de trabajadores, son base fundamental de una sociedad democrática, abierta y libre. Históricamente han sido un contrapeso institucional fundamental frente al poder despótico, pues al constituirse como sociedad civil organizada han ayudado contener el autoritarismo. Su función fundamental se basa, dentro de una economía de mercado, en representar y defender de manera legítima los derechos de sus asociados, argumentando posiciones basadas en el conocimiento técnico y la experiencia sectorial, y generando acciones en favor de un mejor desempeño de su sector, contribuyendo al mismo tiempo al bien común y al desarrollo de una nación.
Tradicionalmente los gremios en Colombia han actuado en el marco del mutuo respeto con las tres ramas del poder público en el ámbito tanto nacional como regional, dentro de la confianza institucional y en colaboración armónica que le apunte a la construcción conjunta de mejores resultados de las políticas públicas sectoriales y un superior desempeño económico general para toda la sociedad. Unas veces más cercanos al poder y otras no tanto, los gremios en general gozaban del respeto de los actores públicos y de la sociedad en general, por el solo hecho de representar al empresariado, valorado como activo esencial de nuestro aparato productivo.
Un día sin darnos cuenta, los gremios se volvieron un estorbo institucional por no pensar como el gobierno, por no apoyar posiciones arbitrarias de los funcionarios, por denunciar equivocaciones flagrantes de política pública sectorial. Con la excusa de la falta de comunicación con el gobierno, fueron y siguen cayendo lideres gremiales de reconocida trayectoria, presionados muchas veces por esos mismos funcionarios del gobierno, sin que sus sucesores hayan logrado un mejor resultado comunicacional.
Muchos empresarios, algunos en su afán de congraciarse con el gobierno y otros ante la falta de escucha de las posiciones gremiales y resultados tangibles, han optado por retirarse de los mismos, o incluso, se han prestado para crear otros gremios gemelos más afines a posiciones gubernamentales, que a la larga terminan arrastrando el mismo lastre.
La crisis de los gremios es real, pero es una crisis provocada. El señalamiento permanente por parte de funcionarios de diferentes niveles del gobierno nacional hacia quienes desde los gremios nos hemos convertido en mecanismo de contención litigiosa en defensa de la libre empresa, la economía de mercado y los derechos empresariales, pone en situación de riesgo no solo la figura de representación empresarial colectiva, sino también la seguridad misma de las personas que ejercemos este liderazgo. Algunos gremios lastimosamente han preferido bajar la voz, meterse debajo de la mesa, bajar el perfil, porque así lo han considerado sus agremiados, acosados desde muchos frentes y en un momento crítico de nuestro sistema democrático, en donde la fuerza de la solidaridad empresarial organizada es requerida más que nunca ante los riesgos del autoritarismo.
