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Anhedonia democrática, por René Gastelumendi

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01.03.2026

La reciente censura de José Jerí, su también impresentable sucesor y el espectáculo de acusaciones mutuas en el Congreso son el último capítulo de una demolición programada que ahora tiene como telón de fondo el inicio de los estragos del Niño Costero y nuestra eterna falta de prevención. Mientras los políticos se enredan en el “yo no fui” y en las echadas de culpa simuladas, el ciudadano observa con un hastío que hace tiempo ya ni siquiera alcanza para la indignación. Para entender al elector peruano que hoy se enfrenta a un desierto de treinta y pico alternativas en la cédula sábana que, en lugar de abrigar, asfixia, hay que alejarse de las leyes y entrar en el terreno de una profunda herida emocional: la cicatriz que deja un “padre” que no solo falla, sino que termina vacado y humillado o entre rejas. En el Perú, me temo que ya hemos desarrollado por la fuerza una patología colectiva, un rasgo identitario que hoy podría definirse como anhedonia democrática: la incapacidad de sentir placer, esperanza o entusiasmo por el destino común tras décadas de traiciones sistemáticas.

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Como señala Mark Fisher, uno de los críticos culturales y filósofos británicos más influyentes de este siglo, la anhedonia no es solo tristeza; es la parálisis de la imaginación. Es aquello........

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